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domingo, 24 de septiembre de 2017

ADVAITA - LA ENSEÑANZA

por Ramesh Balsekar
Todo lo que hay es Realidad,
y toda ilusión, toda forma, toda sombra no puede ser
sino un reflejo de esa Realidad.
Ramesh Balsekar
Advaita (a + dvaita = no dualidad) quiere decir que la Fuente, sea cual sea el nombre que se utilice para ella (Energía Fundamental, Consciencia, Plenitud, Dios, etc.) es Unicidad, Unidad, No Dualidad. La manifestación que emerge de la Fuente está basada en la dualidad, es decir, la inevitable existencia de pares de opuestos polares interconectados: hombre y mujer, belleza y fealdad, bien y mal. En todo momento deben existir a la fuerza pares de opuestos interconectados de todos los tipos posibles. El sabio acepta la dualidad, que es el fundamento mismo de la vida, y permanece anclado en la paz y la tranquilidad mientras afronta, como cualquier otra persona, el placer y el dolor que le trae la vida. La persona corriente no acepta esta dualidad ―la existencia en todo momento de opuestos interconectados― sino que persigue un elemento del par buscando la exclusión del otro y, por tanto, es infeliz. El sabio acepta la "dualidad" de la vida; la persona corriente escoge entre los opuestos interconectados y vive en la infelicidad del "dualismo".
El hombre sabio ve cómo en el día a día se llevan a cabo elecciones entre los opuestos polares, pero es plenamente consciente del hecho de que en cada caso las elecciones tienen lugar de acuerdo con la programación del organismo en cuestión y, por lo tanto, no son decisiones tomadas por una entidad individual. Por consiguiente, el sabio siempre está en armonía con la Fuente. Cuando el destello de Comprensión Final tiene lugar, no es improbable que el individuo tome consciencia plena de la totalidad indivisa del universo y perciba con claridad que el espectro de opuestos polares es una gran ilusión, como una pelea fingida entre amantes en una obra de teatro. El resultado puede ser un ataque incontrolado de risa o un intenso llanto.
Con sólo permanecer plenamente conscientes de esto, la vida deja de ser un continuo proceso de elegir, comparar, juzgar, culpar y alabar en el que el estado de Testigo ―la observación impersonal que resulta de la aceptación de Lo-Que-Es― se da sólo en contadas ocasiones.
 
En la vida cotidiana uno debe afrontar problemas que tienen un asombroso número de causas aparentes y de posibles consecuencias. Por lo tanto, una cuestión de interés es la de si existe una causa básica común a dichos problemas que pueda ser aislada y tratada. Sin duda, la causa básica del conflicto y la infelicidad humana es el "dualismo", que es un concepto distinto del de "dualidad". La diferencia esencial entre ambos conceptos debe ser analizada concienzudamente y comprendida en toda su profundidad. De hecho, esa comprensión podría ser por sí misma la solución de la infelicidad humana, pues liberaría al ser humano del dilema en el que se encuentra sumido en su infatigable búsqueda de una felicidad completa.
La "dualidad" es polar, es decir, está basada en la interrelación entre pares de opuestos y, por consiguiente, no implica una verdadera separación; por el contrario, "dualismo" significa oposición, separación y, por tanto, conflicto. La manifestación fenoménica es, por tanto, un proceso de objetivación que, por la propia naturaleza de este proceso, precisa de la dicotomía entre dos elementos: un objeto que percibe y un objeto que es percibido. Éste es el proceso conocido como "ditalidad": todos los fenómenos perceptibles sensorialmente corresponden a la correlación de un sujeto (el objeto que percibe) y un objeto (el objeto que es percibido).
Por consiguiente, sin el proceso de la dualidad no puede existir ningún fenómeno. Además, ninguno de los dos objetos fenoménicos (ni el sujeto que percibe ni el objeto que es percibido) tiene en sí mismo una existencia autónoma: la existencia del uno está supeditada a la existencia del otro.
Cuando se comprende la esencia de la dualidad, desaparece el problema del samsara (la vida cotidiana fenoménica) y de la esclavitud del individuo imaginario, por la sencilla razón de que se percibe con claridad que el "individuo" en cuestión es tan sólo el aparato psicosomático, el instrumento a través del cual tiene lugar el proceso de percibir y conocer. Nuestra infelicidad, nuestro conflicto y nuestra esclavitud surgen como resultado de la identificación errónea de Lo-Que-Somos (Consciencia) con el elemento objeto-perceptor como entidad autónoma, lo cual produce en la mente-total (Consciencia) una dicotomía entre sujeto y objeto.
Esta identificación o "entificación" como entidad separada e independiente (como pseudo-sujeto) es el "dualismo" (el maia) que resulta de la aplicación errónea, en la vida cotidiana, del principio original de la dualidad. Por su propia naturaleza, este proceso está basado en un principio de polaridad y de interrelación y, por tanto, en él no tiene sentido la separación. Es esta entificación ilusoria la que provoca todo el conflicto, todo el sufrimiento, toda la infelicidad a la que se conoce comúnmente como "esclavitud". La percepción directa, instantánea y total de la naturaleza ilusoria del pseudo-sujeto como hacedor independiente significa, por sí misma, la liberación de dicha esclavitud.
 
La Comprensión última de Lo-Que-Es, no una mera comprensión intelectual, trae consigo verdadera humildad y la aniquilación de la sensación de ser el hacedor en la entidad egoica. Esto hace que las acciones sean naturales y espontáneas, lo que refleja el hecho de que la verdadera inteligencia humana (no la mente-intelecto) no es algo ajeno a la naturaleza del ser humano. La inteligencia humana es un aspecto intrínseco del universo fenoménico que mantiene el orden funcional en un equilibrio dinámico a través de la operación de la Consciencia, que es el sustrato de la manifestación fenoménica.
Este equilibrio en el orden funcional de la manifestación fenoménica se mantiene a través del mecanismo natural de polaridad entre lo que aparentemente son elementos opuestos. Por ello, cualquier conflicto basado en la existencia de pares opuestos rígidos e irreconciliables como bien y mal, sujeto y objeto, "yo" y "otro", resulta necesariamente superficial y sólo puede tener relevancia en un contexto cultural y temporal concreto.
 
La aceptación total de que nadie es el hacedor de ninguna acción está basada en la comprensión de que la percepción en el mundo fenoménico es una función impersonal y nouménica. Dicha percepción es percepción pura, pues no hay nada que sea percibido y no hay nada ―ningún objeto que asuma pseudo-subjetividad― que perciba. Aunque nuestro condicionamiento no nos permitirá aceptar esto fácilmente, el hecho es que, como seres sensibles, objetivamente no somos sino imágenes ilusorias de un sueño. Cualquier existencia fenoménica es una mera sombra que emerge en la Consciencia y todas las características de los seres sensibles ―su forma, su percibir, su conocer, su sentir, etc.― no son sino movimientos en la Consciencia, exactamente como sucede en el sueño. Así, todos los acontecimientos son movimientos en la Consciencia que precisan de la estructura imaginada del espacio y el tiempo para que puedan ser percibidos sensorialmente y medidos en duración, justo como sucede en el sueño.
La cuestión esencial que debe ser comprendida es que la Consciencia, en la que todo tiene lugar como en un sueño, es el soñador. Éste es el aspecto subjetivo y de percepción dinámica de la Consciencia estática, mientras que el aspecto objetivo es el elemento percibido, soñado y discernido. Dicho de otro modo: el sueño, constituido por la manifestación fenoménica, tiene lugar en la Conciencia, es percibido y conocido en la Consciencia y es interpretado por la Consciencia a través de la dualidad, que es el principio básico de toda manifestación fenoménica: la relación sujeto-objeto. Hay que tener presente que esta dualidad en la relación sujeto-objeto es meramente el mecanismo o instrumento a través del cual tiene lugar la manifestación ―y es, por supuesto, un concepto― con el resultado de que lo percibido no puede ser otra cosa que aquello que percibe. Todo lo que existe es Consciencia: el sujeto y el objeto, unidos inseparablemente cuando no están manifestados y concebidos, sólo aparecen como duales y separados cuando son concebidos en la manifestación fenoménica.
Esto está más claro y seguramente es más convincente si se analiza el estado de sueño. Lo que durante el sueño nos parecen personajes reales vivos con sentimientos y reacciones ―incluyéndonos a nosotros mismos― se ven al despertar como una serie de formas ilusorias totalmente desprovistas de toda elección o volición. Esta vida cotidiana, en la que pensamos que somos sujetos en relación a otros seres humanos que constituyen nuestros objetos, realmente es un sueño viviente que, en esencia, no es diferente en modo alguno del sueño personal. Estamos totalmente equivocados cuando pensamos que somos entidades autónomas e independientes que pueden pensar, elegir y tomar decisiones. Si tan sólo revisáramos con calma cualquier período de nuestras vidas, sin duda encontraríamos que, aunque pensábamos que estábamos tomando las decisiones, los acontecimientos han tenido lugar de acuerdo con un plan maestro que se desarrolla a una escala gigantesca y en el que hemos sido meros peones.
El caso es que en este sueño viviente que es la vida, todos los personajes son meros objetos en la mente que sueña ―que es el contenido de la Conciencia― a través de un proceso de la dualidad al que se da el nombre de "causación". No puede haber ningún sujeto distinto de la Consciencia, con el resultado inevitable de que ¡el objeto es el sujeto, lo percibido es quien percibe! Hay una anécdota interesante al respecto sobre el sabio chino Chuang-Tse. Una mañana les dijo a sus discípulos que había soñado que se había convertido en una mariposa que volaba por el jardín revoloteando de flor en flor, y que estaba preocupado. Los discípulos se rieron y dijeron:
―Sólo fue un sueño, Maestro.
Chuang-Tse dijo:
―Esperad. Si pensáis que no hay razón para preocuparse estáis equivocados. Ahora, cuando estoy despierto estoy intrigado. Tengo una duda muy seria. Si Chuang-Tse puede soñar que se ha convertido en una mariposa, ¿por qué no puede soñar la mariposa que se ha convertido en Chuang-Tse? Ahora, ¿quién es realmente quién? ¿Soy una mariposa que sueña que se ha convertido en Chuang-Tse o soy Chuang-Tse soñando que se ha convertido en mariposa?
El sueño del vivir, visto de forma fenoménica, es tan sólo una apariencia en la Consciencia, percibida y conocida por la Consciencia y, en ese sentido, es una apariencia tan ilusoria como la de un espejismo. Pero vista de forma nouménica, la manifestación fenoménica no sólo no es pensamiento sino que lo es todo, puesto que los elementos esenciales en el sueño no pueden ser nada distinto del propio soñador. "Aquello-que-sueña", el aspecto subjetivo de la Consciencia, es a la vez el sueño y todo lo que hay en el sueño. Es decir, los seres sensibles, que de forma fenoménica son simples objetos en la manifestación, son en realidad el Sujeto puro, el Plenum Potencial. Fenoménicamente, este Sujeto puede asemejarse a la vacuidad de la nada, que resulta cuando los opuestos interconectados de la dualidad se superponen y dan lugar a la negación total. En este sueño viviente lo que despierta no es el objeto. El despertar sucede cuando tiene lugar la des-identificación del soñador con su objeto, cuando la entidad se disuelve como resultado de la comprensión de que lo que parecía un objeto es, de hecho, el Sujeto puro.
Cuando se reconoce que la percepción verdadera es el funcionamiento objetivo del Sujeto, el pseudo-sujeto desaparece y la entidad egoica es aniquilada. Por ello, la verdadera percepción consiste en no ver los fenómenos como nuestros objetos. En el momento en que percibimos los fenómenos como nuestros objetos, establecemos una relación objetiva con las cosas y creamos una dicotomía entre sujeto y objeto, entre "uno mismo" y "otro". Es esta separación aparente la que causa el sufrimiento y la que se conoce como "esclavitud". Percibir de forma nouménica no es una percepción objetiva sino subjetiva, en el sentido de que, con la comprensión de que ni el objeto ni su sujeto existen salvo como apariencias, los fenómenos se ven como algo que no está separado de nosotros mismos. Por lo tanto, la verdadera percepción se produce cuando se deja de conceptualizar, viendo así el universo fenoménico sin comparar, sin elegir, sin juzgar, sin establecer con el mismo una relación sujeto-objeto.
¿Cuál es el sentido de esta verdadera percepción? ¿Qué sucede? La respuesta es "no sucede nada" y "sucede todo". "Nada" porque todo lo que ocurre es conceptualización y cuando ésta se detiene lo único que sucede es que "nosotros" (como "Yo" subjetivo) seguimos siendo lo que éramos "antes de nacer". Y "todo", porque la nada del vacío fenoménico es en realidad la plenitud del Plenum Potencial nouménico. Es decir, cuando la conceptualización cesa, el falso ver, el "ver-hacia-fuera", se detiene y lo que queda es el "ver-hacia-dentro", la Fuente misma de toda visión; no un ver desde la entidad sino desde dentro, desde la Fuente, un ver Nouménico en el que no hay entidad alguna.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

CONOCERTE A TI MISMO

por Jean Klein
Jean Klein
Estar libre de la idea de ser alguien, eso es iluminación
La forma humana es un microcosmos del universo. Todo cuanto supuestamente existe fuera de nosotros existe, en realidad, en nosotros. El mundo está en ti y puede darse a conocer en ti como tú mismo. Entones, ¿qué es este “tú”?
Como seres humanos relacionados con todos los seres vivos, debemos estar primero relacionados con nosotros mismos. No podemos entender, amar y recibir a los demás sin, en primer lugar, conocernos y amarnos a nosotros mismos. Generalmente, sin embargo, pasamos nuestras vidas enteras dedicados a lo que evidentemente está fuera de nosotros sin mirar jamás a lo que está más cercano. No dedicamos tiempo alguno a la lectura cuidadosa de nuestro propio libro, de nuestras reacciones, resistencias, tensiones, estados emocionales, tensiones físicas y todo lo demás. Esta lectura no requiere sistema alguno ni tiempo especialmente asignado a la introspección. Implica solamente mirarse a sí mismo durante el día sin la habitual identificación con un centro de referencia individual, una imagen de yo, una personalidad, un propagador de puntos de vista.
Para enfrentarnos a nosotros mismos científicamente debemos aceptar los hechos como son sin acuerdo, desacuerdo o conclusión. No se trata de una aceptación mental, de una aceptación de ideas, sino de algo completamente práctico, funcional. Sólo requiere estar alerta. La atención debe ser bipolar. Vemos la situación y, al mismo tiempo, vemos cómo ésta hace eco en nosotros como sentimiento y pensamiento. En otras palabras, los hechos de una situación deben incluir nuestras propias reacciones. Nos quedamos en el proceso científico, libres de juicio, interpretación y evaluación, únicamente atentos, en diferentes momentos del día, a nuestro terreno psicológico, intelectual y físico y a nuestro nivel de vitalidad. No existe motivo alguno ni interferencia de un “yo”, ni deseo de cambiar, crecer o llegar a ser. La aceptación funcional no es moral.
No hay necesidad de optar por un nuevo modo de vida que, inevitablemente, se convierte en un sistema como otro cualquiera. Cuando la atención es bipolar, en un principio hay observación del así llamado mundo exterior pero con un énfasis en los movimientos internos. Después, estos movimientos, los gustos y los disgustos, se convierten a su vez en el objeto de exploración. De este modo llegamos a intimar más con nosotros mismos, nos hacemos más conscientes de cómo funcionamos de momento a momento en la vida diaria. Cuando somos exploradores, el verdadero escuchar aparece automáticamente y en escuchar hay apertura, receptividad. La exploración nunca se convierte en una fijación con una meta a alcanzar. Permanece como una bienvenida que aporta originalidad y vida a cada momento.
Muchas terapias nos dicen que nos aceptemos a nosotros mismos pero esta aceptación psicológica, a través de diversos tipos de análisis, se refiere siempre a un centro individual. En tanto que la idea del individuo permanece, hay un motivo escondido en la aceptación. No es una aceptación incondicional sino que está basada en un ideal, o una comparación, y siempre contiene un elemento de resignación. La psicología cree en la existencia del ego y su tarea consiste en hacer éste más cómodo, fuerte e integrado. El que podamos organizar nuestra vida de manera más satisfactoria ya es algo, pero no puede haber jamás una vía que nos lleve más allá de lo conocido. Estos procesos nos mantienen interesados en el objeto por sutil que éste pueda llegar a ser. En la aceptación funcional, el énfasis no está en lo que aceptamos sino en la aceptación misma. Nada hay para intentar añadir o sustraer de la vida que estás viviendo. Esta requiere tan sólo estar alerta para ver los hábitos del pensamiento y el modo en que éstos nos comprometen.
Cuando vemos que casi toda nuestra existencia es una repetición mecánica, automáticamente salimos del modelo para entrar en la observación. Todos los intentos de cambiarnos a nosotros mismos se basan en la interpretación que supone la existencia de un intérprete pero, cuando no hay nadie para interpretar, ningún centro de referencia, el énfasis cae espontáneamente en la acción misma de observar. Es importante darse cuenta de que este observar sin un agente (un "yo") no es una actitud ni un estado. El objeto no es interesante. La observación en sí tiene su propio sabor y no necesita adición alguna. Es la misma apertura, o bienvenida, que constituye nuestro ser natural.
Para entrar en relación con uno mismo y, de este modo, con el mundo, toda interferencia debe cesar. Es el observador quien, proyectando constantemente conocimiento y deseos adquiridos, mantiene lo observado como objeto y de ese modo destruye toda verdadera comunicación, que es amor. Con la desaparición del hábito de ser alguien que hace algo, sólo la atención desnuda queda y, a la luz de ésta, se hace claro el funcionamiento de proyección. La mente recobra su sensibilidad y flexibilidad naturales y, al mismo tiempo, sentimos libertad en relación con nuestro entorno. En la exploración abierta, en la que te aceptas a ti mismo científicamente, llegará el día en que te sientas completamente autónomo y realizado sin calificación.
Fuente: Jean Klein. ¿Quién soy yo? La búsqueda sagrada
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jueves, 23 de junio de 2016

EL TIEMPO: EL PRESENTE ES LO QUE SOMOS



Despierta "ahora" o ¡nunca!

por Burt Hardin

El alma humana evoluciona hasta el punto de reconocer nuestra Conciencia Una. Esto empieza a ocurrir cuando nos comprometemos con lo que es obvio:-El hecho de que existimos y somos la existencia misma.-El hecho de que AHORA es todo lo que hay y es atemporal. Por lo tanto, "ahora" no es un tiempo sino lo que somos en sí.

La declaración más popular que recibo de la mayoría de los buscadores es la siguiente: "¡Entiendo lo que dices y tiene sentido pero no lo siento que lo viva así!".

¿Sabías que esta es la manera que el ego tiene de mantenerte atrapado en tu condicionamiento familiar? Sigo escuchando esta excusa una y otra vez y es hora de hacerle frente.
Si lo que oyes es lógico y realmente tiene sentido entonces todo lo que tienes que decirte a ti mismo es lo siguiente: "¡O bien es cierto o no es cierto!" Si es obvio que es cierto, entonces por qué necesitas realizarlo (sucederá por sí mismo cuando te relajas en ello).
Sólo hay dos cosas que necesitas saber sin lugar a dudas, y estas dos cosas son suficientes para despertarte aquí y ahora, si no hay excusas.
Y, estamos hablando de "despertar" y no de nuestras creencias habituales acerca de la iluminación.
Primero, responde a esta pregunta, "¿Cómo sabes que existes?" Si tú sabes que existes, entonces tienes tu primera verdad evidente. Este "saber" no es una emoción, ni un pensamiento, ni un recuerdo. Es tu conciencia reconociéndose a sí misma.
Segundo, responde a esta pregunta: "¿Hay algún otro momento que no sea ahora?" Se necesita muy poca inteligencia para saber que "ahora" es todo lo que hay o que alguna vez pueda haber. He tenido algunos intelectuales que me dicen ― "pero ahora es un nombre inapropiado porque incluso mientras hablamos lo que dices ya es pasado y lo que aún no has dicho está en el futuro, entonces, ¿dónde está el ahora?" La mente egotista siempre aparece con comentarios inteligentes para evadir lo obvio. "AHORA" no se puede medir porque es atemporal.
Verás, amigo mío, todo es cuestión de mirar la palabra "tiempo". El tiempo es creado por la mente condicionada a través del cerebro lineal. Este "ahora" no es sólo el momento presente que contiene también el pasado y el futuro. "Ahora" es un contenedor del momento presente y por lo tanto es atemporal. Piénsalo de esta manera ― tú estás en un tren y al pasar por el territorio por el que estás viajando puedes ver tu pasado que comienza a desvanecerse a medida que avanzas. Puedes ver el pasado que va pasando y que mientras va desapareciendo de la vista todavía sabes que aún está allí a lo lejos. Luego tomas un helicóptero y ves con mayor conciencia el presente, el pasado e incluso el futuro del tren. Sin embargo, cuando miras toda la escena desde un avión tu conciencia sigue creciendo y todo el pasado, presente y futuro están claramente a la vista. Cuando en el momento presente relajas la mente de todo cuestionamiento y miras claramente (con una mayor conciencia) este "ahora" quedará claro que todo lo que siempre puedes tener es este momento. Y, aquí hay otro hecho que es obvio ― ¡no hay dos momentos en el tiempo!
Desde el momento en que comienzas a ver que el tiempo es psicológico entonces se te abre una nueva forma de ver.
Vivimos en el tiempo psicológico porque estamos condicionados por ello y tenemos miedo de mirar lo que es verdadero. La verdad nos puede causar trastorno y desafiar nuestras creencias más arraigadas. Sin embargo, pregúntate de nuevo, "¿Es verdad o no?", y esta debe ser tu única preocupación. Si hay sinceridad, honestidad y un auténtico impulso por lo que es real, entonces te permites ver lo obvio. Tengo que admitir, que da miedo, pero diablos, si es verdad ¿qué otra opción tienes? Esta es toda la madurez espiritual que necesitas ― mirar la verdad de frente y comprometerte con ella. Las ventajas son muy superiores a las desventajas.
Al mirar esta cosa llamada "tiempo" se abre la puerta a lo inexplicable y lo desconocido para el ego y obtiene una imagen más clara de la Fuente detrás de todos los fenómenos.
La clave fundamental para despertar es una MIRADA directa al tiempo. Fue A.S. Eddington, un científico e investigador que escribió: "En cualquier intento para unir los dominios de la experiencia pertenecientes a los aspectos espirituales y filosóficos de la naturaleza, el tiempo ocupa una posición clave".
La mente es la consciencia que contiene el pensamiento, la imaginación y la consciencia-tiempo. A medida que examinamos el subconsciente más profundo que nos hace creer, experimentar y pensar (de la manera) como lo hacemos, empezaremos a ver que todos los acontecimientos ocurren en el "presente". Sin embargo, cuando el presente se vuelve totalmente contenido en este "ahora", entonces entramos en lo atemporal. Por ejemplo, estás implicado en una situación que te absorbe completamente y luego te encuentras diciéndote, "Caramba, ¿dónde se ha ido el tiempo?"
En la Realidad no hay tiempo sino el eterno AHORA que la mente-ego (condicionada) refutará sin darle una justa oportunidad. Sin embargo, si somos sinceros y auténticos en nuestra búsqueda de lo que es verdadero, empezaremos a ver que este AHORA es eterno. Esto da inicio a una nueva forma de mirar todo. Si el "tiempo" es eterno entonces ¿dónde está la muerte excepto en nuestra aparente tercera dimensión? ¿Es el cuerpo tan sólido como nuestros sentidos nos hacen creer? ¿Podemos confiar en nuestros sentidos cuando están condicionados por la imaginación?
Y si el AHORA es eterno, entonces ¿todos los acontecimientos que han ocurrido existen aún ahora? ¿Hemos nacido realmente y moriremos realmente o simplemente estamos pasando de una forma a otra? ¿Cuán real es la forma, o es sólo una cascara o apariencia de la consciencia?
Toda la ciencia conoce este hecho ― la Energía (Espíritu) es indestructible, simplemente cambia de forma (se transforma).
Me encanta la declaración hecha por el filósofo Alfred North Whitehead, "Es imposible meditar sobre el tiempo y el misterio del paso creativo de la Naturaleza sin una emoción abrumadora ante las limitaciones de la inteligencia humana".
A medida que la ilusión del tiempo empieza a ser clara en ti una nueva consciencia más profunda comenzará a surgir. Lo que antes parecía limitado, ahora permanecerá como una visión mayor de asombro y admiración. En este momento no vamos a renunciar a la mente, sino apreciar su gran belleza de creatividad conocida como imaginación.
¿Qué no es imaginación? Las ansiedades que sientes; la ira que surge en ciertos momentos o la incertidumbre, el miedo y la inseguridad que te habían perseguido hasta ahora empiezan a verse como imaginación. Es una creación de la mente subconsciente. Nuestra conciencia consciente podría dar un salto desde un promedio del 5% a una visión más vasta. Algo dentro de ti sabrá que todo lo que pensabas que eres era sólo lo que te decías a ti mismo que eres desde el subconsciente. Ahora ves con una mayor visión que tú eres literalmente un ser ilimitado, más vasto que vasto y atemporal más allá del nacimiento o la muerte. Esto parece grandioso en este punto, pero todo parecerá natural y simple una vez que empiezas a observar la evidente verdad de ti mismo en estos dos pasos:
  1. Tú sabes que existes y por lo tanto eres la existencia misma.
  2. Tú sabes que "AHORA" es todo lo que puede ser siempre y lo contiene todo y es atemporal.
Todo ha sido y es imaginación. El "uno" que no es imaginación también es obvio ― es el uno que lo imagina todo. En otras palabras, la única cosa que no es imaginación es el uno que lo imagina todo. ¡Este "uno" eres tú!
La imaginación es lo que ha creado el mundo, nuestra vida cotidiana, nuestras emociones y pensamientos. Lo que tú imaginas que es real se vuelve real para ti. Esa es la función y el poder de tu mente subconsciente. Tú, de hecho, eres un creador a través de tu imaginación. En primer lugar creas, a través de una elección inconsciente, haciendo realidad lo que te sucede a ti y así se forma tu mundo. En este caso se trata de un mundo "negativo". Entonces, cuando te das cuenta de que tu negatividad es toda "hecha" por ti, entonces empiezas a ver el poder de la imaginación y comienzas a reconstruir tu mundo de la forma que quieres. Esta creatividad es tu gran poder.
¿Qué es lo que hizo que el hombre fuera a la luna, creara aviones, computadoras y tecnología avanzada? ¿No es todo imaginación y saber que puede ser realizado?
McKenna, autor de Archaic Revival, predijo que en el año 2012 el Tiempo dejará de ser lineal porque la tecnología que se creará hará que el Tiempo pierda su cualidad lineal y consecutiva.
Normalmente nosotros no hacemos que estemos asustados o ansiosos o enfadados. Vemos lo que nos imaginamos. En otras palabras, no creamos deliberadamente nuestras actitudes y emociones, sino que las creamos a través de nuestro conjunto de imaginaciones condicionadas como si fueran reales.
La consciencia primitiva no tenía imaginación y por lo tanto era impulsada por el hábito. A medida que aumentó la imaginación también lo hicieron nuestras emociones. Sin embargo, con una mayor conciencia de que creamos nuestro dolor, empezamos a ver nuestro poder inherente para contrarrestarlo por medio de la imaginación.
Los humanos se volvieron "bicamerales" cuando la imaginación y el lenguaje evolucionaron hasta el punto de crear civilización. Por lo tanto con la utilización de lenguaje, el lado izquierdo del cerebro se separó del lado derecho del cerebro. El lado izquierdo es egoico y se ocupa de los detalles de la vida diaria, mientras que el cerebro derecho se ocupa de la imaginación, la visión y la intuición (insight).
Es interesante observar el fenómenos de que las religiones eran algo que la mente necesitaba por su instinto de rebaño, de pertenecer, de sentirse bien y de saber que hay algo más profundo que la forman, el nombre y el lenguaje. La religiones empezaron las guerras por sus diferentes creencias y formas de hacer las cosas imaginando que "nuestro camino es el único y mejor camino". Esta separación es difícil de deshacer y aquí es donde la visión de lo atemporal viene a nuestro rescate.
La ciencia puede tener muchas respuestas, pero aún no puede explicar nuestra conciencia de nosotros mismos. Esta conciencia pura, que es atemporal, es la existencia misma y al igual que el océano crea olas sobre su superficie. En otras palabras, somos la propia existencia (espíritu) que aparece como unidades (olas) en su superficie. Sin embargo, las olas son el propio océano. Del mismo modo, somos unidades de energía que son la existencia misma. La conciencia no evoluciona, puesto que ya es completa. El alma humana evoluciona hasta el punto de reconocer nuestra Conciencia Una. Esto empieza a ocurrir cuando nos comprometemos con lo que es obvio...
  1. El hecho de que existimos y somos la existencia misma.
  2. El hecho de que AHORA es todo lo que hay y es atemporal. Por lo tanto, "ahora" no es un tiempo sino lo que somos en sí.
Cuando Edgar Mitchell describió su visión cuando estaba en la luna durante el viaje del Apolo 14 relató su abrumadora sensación de que el universo mismo está vivo y que es de alguna manera un ser consciente en sí mismo. Esto significa que todas las formas, ya sea en la tierra o en otro lugar en el universo, son todas parte de una consciencia gigante.
Hay algo dentro de nosotros que nos impulsa "hacia delante" en la evolución. A medida que avanzamos hacia ello, con el fin de comprender y tolerar su presencia, cada vez nos volvemos más como ello. De hecho, descubrimos el ahora atemporal como nosotros mismos, encontramos que somos ELLO y siempre lo hemos sido.