Mostrando entradas con la etiqueta Jean Klein. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jean Klein. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de septiembre de 2017

CONOCERTE A TI MISMO

por Jean Klein
Jean Klein
Estar libre de la idea de ser alguien, eso es iluminación
La forma humana es un microcosmos del universo. Todo cuanto supuestamente existe fuera de nosotros existe, en realidad, en nosotros. El mundo está en ti y puede darse a conocer en ti como tú mismo. Entones, ¿qué es este “tú”?
Como seres humanos relacionados con todos los seres vivos, debemos estar primero relacionados con nosotros mismos. No podemos entender, amar y recibir a los demás sin, en primer lugar, conocernos y amarnos a nosotros mismos. Generalmente, sin embargo, pasamos nuestras vidas enteras dedicados a lo que evidentemente está fuera de nosotros sin mirar jamás a lo que está más cercano. No dedicamos tiempo alguno a la lectura cuidadosa de nuestro propio libro, de nuestras reacciones, resistencias, tensiones, estados emocionales, tensiones físicas y todo lo demás. Esta lectura no requiere sistema alguno ni tiempo especialmente asignado a la introspección. Implica solamente mirarse a sí mismo durante el día sin la habitual identificación con un centro de referencia individual, una imagen de yo, una personalidad, un propagador de puntos de vista.
Para enfrentarnos a nosotros mismos científicamente debemos aceptar los hechos como son sin acuerdo, desacuerdo o conclusión. No se trata de una aceptación mental, de una aceptación de ideas, sino de algo completamente práctico, funcional. Sólo requiere estar alerta. La atención debe ser bipolar. Vemos la situación y, al mismo tiempo, vemos cómo ésta hace eco en nosotros como sentimiento y pensamiento. En otras palabras, los hechos de una situación deben incluir nuestras propias reacciones. Nos quedamos en el proceso científico, libres de juicio, interpretación y evaluación, únicamente atentos, en diferentes momentos del día, a nuestro terreno psicológico, intelectual y físico y a nuestro nivel de vitalidad. No existe motivo alguno ni interferencia de un “yo”, ni deseo de cambiar, crecer o llegar a ser. La aceptación funcional no es moral.
No hay necesidad de optar por un nuevo modo de vida que, inevitablemente, se convierte en un sistema como otro cualquiera. Cuando la atención es bipolar, en un principio hay observación del así llamado mundo exterior pero con un énfasis en los movimientos internos. Después, estos movimientos, los gustos y los disgustos, se convierten a su vez en el objeto de exploración. De este modo llegamos a intimar más con nosotros mismos, nos hacemos más conscientes de cómo funcionamos de momento a momento en la vida diaria. Cuando somos exploradores, el verdadero escuchar aparece automáticamente y en escuchar hay apertura, receptividad. La exploración nunca se convierte en una fijación con una meta a alcanzar. Permanece como una bienvenida que aporta originalidad y vida a cada momento.
Muchas terapias nos dicen que nos aceptemos a nosotros mismos pero esta aceptación psicológica, a través de diversos tipos de análisis, se refiere siempre a un centro individual. En tanto que la idea del individuo permanece, hay un motivo escondido en la aceptación. No es una aceptación incondicional sino que está basada en un ideal, o una comparación, y siempre contiene un elemento de resignación. La psicología cree en la existencia del ego y su tarea consiste en hacer éste más cómodo, fuerte e integrado. El que podamos organizar nuestra vida de manera más satisfactoria ya es algo, pero no puede haber jamás una vía que nos lleve más allá de lo conocido. Estos procesos nos mantienen interesados en el objeto por sutil que éste pueda llegar a ser. En la aceptación funcional, el énfasis no está en lo que aceptamos sino en la aceptación misma. Nada hay para intentar añadir o sustraer de la vida que estás viviendo. Esta requiere tan sólo estar alerta para ver los hábitos del pensamiento y el modo en que éstos nos comprometen.
Cuando vemos que casi toda nuestra existencia es una repetición mecánica, automáticamente salimos del modelo para entrar en la observación. Todos los intentos de cambiarnos a nosotros mismos se basan en la interpretación que supone la existencia de un intérprete pero, cuando no hay nadie para interpretar, ningún centro de referencia, el énfasis cae espontáneamente en la acción misma de observar. Es importante darse cuenta de que este observar sin un agente (un "yo") no es una actitud ni un estado. El objeto no es interesante. La observación en sí tiene su propio sabor y no necesita adición alguna. Es la misma apertura, o bienvenida, que constituye nuestro ser natural.
Para entrar en relación con uno mismo y, de este modo, con el mundo, toda interferencia debe cesar. Es el observador quien, proyectando constantemente conocimiento y deseos adquiridos, mantiene lo observado como objeto y de ese modo destruye toda verdadera comunicación, que es amor. Con la desaparición del hábito de ser alguien que hace algo, sólo la atención desnuda queda y, a la luz de ésta, se hace claro el funcionamiento de proyección. La mente recobra su sensibilidad y flexibilidad naturales y, al mismo tiempo, sentimos libertad en relación con nuestro entorno. En la exploración abierta, en la que te aceptas a ti mismo científicamente, llegará el día en que te sientas completamente autónomo y realizado sin calificación.
Fuente: Jean Klein. ¿Quién soy yo? La búsqueda sagrada
ir a inicio   ir a sección   ir arriba

jueves, 31 de agosto de 2017

LA LLAMA DEL SER



Artículos - Jean Klein

Un diálogo con Jean Klein y Michael Toms (Non-Duality Press, 1989)
Jean Klein
Michael Toms: Jean, ¿cuál es su idea acerca de la vida? ¿Qué es la vida para usted?
Jean Klein: La vida es consciencia y la consciencia es vida. Pero hay que hacer una distinción entre la consciencia, la vida, y sus expresiones. Sus expresiones aparecen en el espacio y el tiempo, son objetos. Pero estos objetos se refiere a la consciencia, a la vida. Hasta que no hayamos entendido la vida, la consciencia, estas expresiones son todavía reconocidas como objetos. Pero una vez que uno entiende la vida, que tú ERES la vida, entonces estos objetos no son considerados más como objetos, son simplemente consciencia. Se refieren a la consciencia y tienen su propio origen en la consciencia.
Este es un momento muy importante. De lo contrario sólo sería una relación entre un objeto y un objeto, lo que significa conflicto. Pero cuando el objeto se refiere a su origen, la consciencia, no hay más conflicto. La vida, la consciencia ― nunca se pueden objetivar. La consciencia es el sujeto último, el sujeto último de todos los objetos. Como hemos dicho, nunca puede ser un objeto. Y nosotros SOMOS consciencia. Nosotros somos realmente cuando estamos ausentes. Somos la ausencia de nosotros mismos. Y en la ausencia de nosotros mismos hay vida, hay consciencia, hay felicidad. Amo la vida y la vida es el amor.
MT: Solemos ver cosas ahí fuera y lo que le oigo decir es que está sugiriendo que no hay nada o ninguna cosa ahí fuera. Que más bien somos parte de eso.
JK: No hay nada fuera de la consciencia. Los objetos, lo que uno ve, lo que oye, lo que huele, lo que saborea, se refiere... diría que tiene su origen en la consciencia, en la vida y se refieren a la vida. Así que no hay nada fuera, todo está dentro. Todo lo que está fuera es percibido en el espacio y el tiempo, pero la consciencia o la vida es un continuo, ES. Así que las expresiones de la vida apuntan a la vida. Son más o menos punteros, pero no son la vida. Son realmente vida cuando uno está establecido conscientemente en la vida, en la consciencia. Entonces, estos objetos se refieren a la consciencia. Entonces son algo diferente. Todavía son en cierta forma objetos, pero ya no son objetos en el sentido ordinario.
MT: Esta es una definición más amplia de la consciencia de la que solemos tener en Occidente ― lo que le escucho decir. Porque normalmente nos referirnos a la consciencia ya sea como consciencia despierta o dormida. No pensamos que la consciencia resida fuera de nosotros.
JK: Sí. Cuando hablamos de estos tres estados, la vigilia, el sueño, y el sueño profundo, la realidad subyacente es la consciencia. Principalmente estamos despiertos en los objetos, pero no estamos despiertos en la consciencia. La consciencia, nuestra verdadera naturaleza, es cuando hay una ausencia de nosotros mismos. En realidad somos nuestra ausencia. Nuestra ausencia es presencia.
MT: Jean, cuando usted dice que nuestra ausencia es nuestra presencia. ¿Quién está ausente?
JK: Lo que somos, nunca puede ser objetivado. Por lo tanto, todo tipo de llegar a ser, de lograr, de conseguir se aparta lejos de lo que somos. Lo que somos, es lo más cercano a nosotros. Lograr y llegar a ser, sólo pueden ser un objeto. Pero lo que somos no puede ser nunca un objeto. Somos el sujeto último. Llegar a ser, lograr, cualquier técnica es muy buena para aprender un idioma, para aprender una ciencia, pero para conocer lo que somos fundamentalmente ― lo somos. Es lo más cercano a nosotros.
Creo que es más importante ver que no hay nada que lograr, nada que alcanzar. Cuando lo ves realmente, cuando lo entiendes realmente, toda la energía que has gastado en lograr, en llegar a ser se detiene, llega a un punto muerto. Y yo diría que en este punto muerto, no hay ninguna dirección más a dónde ir. Toda la energía vuelve a su origen. Y este momento se refiere a sí mismo. Es su propio conocimiento, libre de cualquier agente. Así que el término, del que hablamos muy a menudo, la iluminación, ocurre sólo cuando ves el momento en que no hay nadie. En el momento en que ves que no hay nadie, ninguna entidad, entidad personal, eso es iluminación. Así que nunca puedes ir hacia ella. Sólo puedes ver lo que no es, lo que no eres, el cuerpo, los sentidos y la mente.
MT: Recuerdo las palabras de Lao Tzu, "El Tao que puede ser nombrado no es el verdadero Tao".
JK: Exacto. Cada paso que das, aunque sea un pelo, te sales del camino.
MT: Nosotros pensamos de nosotros mismos que somos criaturas racionales, lógicas, pensantes. ¿Qué pasa con el proceso del pensamiento en medio de esta comprensión viva?
JK: El pensar, si lo ves desde un nivel muy alto es un pensar diferente. El verdadero pensar nunca comienza con el pensamiento. En el verdadero pensar, debemos apartar la mirada del pensar. Al igual que hay que apartar la mirada de la meta (Jean realiza la acción de tirar de un arco). Así que el pensar debe estar libre de toda intención. Por supuesto, el pensar racional, el pensar práctico, el pensar científico comienza con un pensamiento. Pero el pensar creativo se inicia desde el silencio. Todo pensar tiene su propio origen en el silencio, incluso el pensar racional, el pensar práctico, el pensar calculador.
MT: ¿Así que la fuente de la creatividad puede estar también en el silencio?
JK: Sí. En el silencio es nuestra potencialidad, nuestra creatividad. Pero este silencio no es el silencio de la mente. La mente de vez en cuando puede ser silenciosa. Pero el silencio del que estamos hablando está más allá de la mente. Cuando la mente comprende sus límites, entonces la mente brinda libertad. Y creo que cuando la mente se vuelve aquietada estamos abiertos a la verdadera quietud, momentos atemporales en los que no hay más momentos, en los que hay eternidad.

(SEGUIR LEYENDO)

miércoles, 5 de abril de 2017

EL ARTE DE ESCUCHAR




De un Diálogo con Jean Klein Extraído de: ¿Quién soy yo?
Jean Klein

P. Dices que cuando el cuerpo-mente queda libre de interferencia psicológica llega espontáneamente al escuchar, que es el instrumento de la auto-investigación. ¿Podrías decir algo más acerca de esto?
R. El descubrimiento de tu verdadera naturaleza no puede producirse a través de la memoria. Llega a través de la atención multidimensional, que tiene lugar naturalmente cuando la memoria está ausente. Esta innata atención es el escuchar. Cuando estás en la actitud de escuchar te sientes en la inmensidad, donde no hay escuchador ni observador. Sólo en el escuchar puede tener lugar la transmutación del tener conocimiento al conocer como ser. Escuchar es un arte con el que debes familiarizarte. Es estar abierto a todas las expresiones de la vida. Las expresiones de vida nunca son repetitivas. Puede haber analogía pero no repetición. Has de ver que la aparente repetición sólo es memoria. Escuchar es acoger gustosamente la vida sin referencia a lo ya conocido. El verdadero descubrimiento está sólo en el momento inmediato en sí. Nunca podemos comprender lo desconocido a través de lo conocido. Se nos educa para la experiencia, para mirar con motivo, para interpretar, pero debemos explorar la posibilidad de vivir como no-experiencia. Esta exploración tiene lugar en una escucha no reactiva. En una escucha incondicionada estamos abiertos a todas las posibilidades, y en la ausencia de restricción tiene lugar la percepción directa.
P. ¿Cómo puedo llegar a familiarizarme con el arte de escuchar?
R. Unicamente viviéndolo, del mismo modo que un músico aprende a escuchar escuchando. No hay técnicas, disciplinas o ideas con que poder sustituir el escuchar sin más. Todas estas son golosinas para el ego. Cuanto más te familiarizas con el escuchar mediante la propia práctica de escuchar, más libre estás de la imagen de ti mismo. La enseñanza es sólo para devolverte al simple escuchar. En él no hay objeto que escuchar; uno se encuentra a sí mismo en apertura, en el no-estado mismo de escuchar.
P. Dices que el escuchar llega escuchando. ¿Podrías ser mas explícito respecto a lo que realmente es?
R. Escuchar no es un proceso cerebral. No es una función. Es una sensibilidad abierta libre de anticipación, logro o consecución. No es una actitud que uno asume ni se limita a los oídos, del mismo modo que cuando entiendes algo y dices “Ya veo” esto no tiene nada que ver con los órganos de la vista.
P. ¿Cómo puedo llegar a esa sensibilidad global?
R. Si dejas que tu atención vaya a tu oído, sentirás que está constantemente tratando de agarrar. Lo mismo sucede con el ojo, la mente y todos tus órganos. Deja que ese intento de agarrar se vaya y descubrirás que todo tu cuerpo es espontáneamente un órgano de sensibilidad. El oído es meramente un canal para esta sensación global. No es un fin en sí mismo. Lo que se oye también se siente, se ve, se huele y se toca. Tus cinco sentidos, inteligencia e imaginación se liberan y entran en juego. Tú lo sientes como un estar completamente expandido en el espacio, sin centro ni límite. El ego, que es una contradicción, no encuentra dónde agarrarse en esta presencia y la ansiedad, el gusto o el disgusto se disuelven. Sientes esta integridad sin sentirla. La sientes pero no puedes categorizarla en ninguna sensación conocida.
(Seguir leyendo)