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viernes, 17 de noviembre de 2017




"Yo Soy" Dios ― La Realidad Última

por Michael JamesExtracto (3) de la introducción a: la felicidad y el arte de ser
Arunachala Light

Las gentes que practican la devoción dualista, creen que la forma más alta de devoción a Dios ―la forma más pura de amor― es entregarnos completamente a él. Para entregarse a él, ellos tratan de negarse a sí mismos abandonando su apego a todo lo que consideran como "mío", y en particular renunciando a su propia voluntad individual. Así pues, la plegaria última de todo devoto verdadero es, "Hágase tu voluntad ―no mi voluntad, sino solo la tuya".
Sin embargo, mientras la mente exista, inevitablemente tendrá una voluntad suya propia. El deseo y el apego son inherentes a la mente, el material mismo del cual ella está hecha. Por lo tanto, mientras nos sintamos como un "yo" individual, tendremos también una voluntad individual, y sentiremos un sentido de apego a "mío". La única manera en que podemos entregar nuestra voluntad y abandonar todos los apegos, es entregando la mente que tiene una voluntad individual y siente apego al cuerpo y a otras posesiones.
Tratar de entregar nuestra voluntad individual y el sentido de "mío" ―los deseos y apegos― sin entregar efectivamente la individualidad, el ego o sentido de ser un "yo" separado, es como cortar las hojas y las ramas de un árbol sin cortar su raíz. Hasta que y a no ser que cortemos la raíz, las ramas y hojas continuarán brotando una y otra vez. Similarmente, hasta que y a no ser que entreguemos el ego, la raíz de todos los deseos y apegos, todos nuestros esfuerzos por abandonar los deseos y apegos fracasarán, debido a que continuarán brotando una y otra vez en una forma sutil u otra. Por lo tanto la auto-entrega solo puede ser completa y final cuando el sí mismo individual, la consciencia limitada que llamamos "mente" o "ego", es entregada completamente.
Mientras sintamos que existimos como un individuo que está separado de Dios, no nos hemos entregado completamente a él. Aunque en verdad somos solo la consciencia pura, ilimitada y no-personal "yo soy", que es el espíritu o forma verdadera de Dios, sentimos que estamos separados de él debido a que nos tomamos erróneamente por una consciencia individual limitada que se ha identificado con un cuerpo particular.
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viernes, 3 de noviembre de 2017




¡ Vive la Totalidad !

por Emilio Carrillo Extracto de su libro: Consciencia
Unicidad del Universo

Ser es lo Real; la Vida es lo Real. Estar es solamente una experiencia de lo que eres. Por tanto, céntrate en lo que eres, pon la consciencia en ser. La denominada realidad es fruto de una experiencia de ser en forma de estar. A partir de ahí, observa la realidad y observa lo que denominas tú: ambos son la forma de estar que la vida que eres adopta en esta vivencia humana. Observa la realidad y obsérvate sin pensamientos, mírala y mirate sin emociones y acéptala y acéptate sin más.
No te preguntes por qué la realidad es así y no de otra manera. Lo que eres no está aquí para hacer disquisiciones mentales, sino para vivir: ¡vivir! Simplemente, vive y saborea la experiencia...
No hay nada que cambiar. Este mundo es el marco absolutamente idóneo y perfecto para desplegar las experiencias conscienciales de ser que este plano posibilita. Hay infinitos planos donde lo que eres está. Pero aquí-ahora tienes consciencia de este. ¡Gózalo! Sin juicios, sin quejas... Ni pensando, ni sintiendo; solo siendo, solo viviendo...
¡Vive Viviendo!... Deja de gastar tu energía viajando con la mente a través del tiempo (del pasado al futuro, del futuro al pasado...) y permanece con la consciencia íntegra, total y completa en todas y cada una de tus acciones del día a día, sin excepción: cuando comas, come; cuando camines, camina; cuando hagas el amor, haz el amor; cuanto te cepilles los dientes, cepíllatelos; cuando medites, medita; cuando conduzcas, conduce... Desde la consciencia, tráete a ti mismo al aquí-ahora.





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jueves, 12 de octubre de 2017

La verdadera meditación

por Joan Tollifson
Joan Tollifson
Siempre dudo en utilizar la palabra meditación, porque se utiliza de muchas maneras diferentes para significar muchas cosas diferentes. Como yo utilizo la palabra, la meditación no tiene nada que ver con posturas o prácticas específicas, ni con estar inmóviles durante sesiones de tiempo. No se necesita incienso, ni cojines especiales, no hay que sentarse con las piernas cruzadas, ni hacer nada extravagante en absoluto. Puede ocurrir en un sillón o en un avión. Simplemente significa estar aquí, en quietud, sin todas las cosas que normalmente absorben la atención ―simplemente estar presentes y conscientes de lo que es, tal como es― permitir que todo sea como es, sin tratar de manipularlo o controlarlo, sin juzgar, etiquetar o contar historias al respecto. No hay que intentar entrar en ningún estado especial ni lograr nada; ni tratar de deshacerse de todo lo que aparece. Y si el control, el juicio, la etiqueta, el intento, la resistencia o el contar historias ocurren, sea como fuere, significa simplemente verlo claramente por lo que es, sentir cómo ese movimiento del pensamiento aparece en el cuerpo en forma de sensaciones y permitir que todo se revele y desparezca a su debido tiempo.
En lugar de perderse en el pensamiento continuo, la meditación tiene que ver con la conciencia ― dando una atención abierta al ámbito de la percepción, la sensación y el conocimiento directo (la respiración, los sonidos, las sensaciones corporales, los colores y las formas, las fragancias, los sabores) y a la presencia consciente que lo contempla todo, la escucha silenciosa, la espaciosidad del ser. La meditación es sentir esta presencia espaciosa que somos, esta infinita inmensidad Aquí-Ahora, esta profunda quietud. Es probable que los pensamientos sigan apareciendo, pero una vez que el pensamiento es advertido, la atención puede abrirse y relajarse de nuevo en el puro ser.
En cualquier momento, ya sea unos pocos segundos entre los clientes, o una hora por la mañana o antes de acostarse, o mientras se viaja en autobús para ir a trabajar, o sentado en una sala de espera, en lugar de estar constantemente ocupados haciendo algo, leyendo algo, diciendo algo, consumiendo comida o información, revisando nuestros teléfonos, nuestro correo electrónico o nuestras redes sociales, o pensando en lo que sea ― la meditación es simplemente estar quieto. Ser consciente. Estar presente. Solo ser. No hacer nada en absoluto.
Además de "solo ser", la meditación también puede significar explorar la realidad viviente de una manera meditativa ―con la conciencia y atención abierta, en lugar de con el pensamiento― observando cómo se desarrollan las decisiones, viendo si el "yo" que parece tomar estas decisiones puede ser encontrado realmente, si hay un pensador que sea el autor de los pensamientos, si se puede encontrar algún límite real entre "dentro" y "fuera", si hay algún límite en el Aquí-Ahora ... viendo cómo el pensamiento divide, categoriza, etiqueta y cuenta historias y cómo el sufrimiento sucede. Todo esto (y más) puede ser explorado directamente con la conciencia.



domingo, 24 de septiembre de 2017

ADVAITA - LA ENSEÑANZA

por Ramesh Balsekar
Todo lo que hay es Realidad,
y toda ilusión, toda forma, toda sombra no puede ser
sino un reflejo de esa Realidad.
Ramesh Balsekar
Advaita (a + dvaita = no dualidad) quiere decir que la Fuente, sea cual sea el nombre que se utilice para ella (Energía Fundamental, Consciencia, Plenitud, Dios, etc.) es Unicidad, Unidad, No Dualidad. La manifestación que emerge de la Fuente está basada en la dualidad, es decir, la inevitable existencia de pares de opuestos polares interconectados: hombre y mujer, belleza y fealdad, bien y mal. En todo momento deben existir a la fuerza pares de opuestos interconectados de todos los tipos posibles. El sabio acepta la dualidad, que es el fundamento mismo de la vida, y permanece anclado en la paz y la tranquilidad mientras afronta, como cualquier otra persona, el placer y el dolor que le trae la vida. La persona corriente no acepta esta dualidad ―la existencia en todo momento de opuestos interconectados― sino que persigue un elemento del par buscando la exclusión del otro y, por tanto, es infeliz. El sabio acepta la "dualidad" de la vida; la persona corriente escoge entre los opuestos interconectados y vive en la infelicidad del "dualismo".
El hombre sabio ve cómo en el día a día se llevan a cabo elecciones entre los opuestos polares, pero es plenamente consciente del hecho de que en cada caso las elecciones tienen lugar de acuerdo con la programación del organismo en cuestión y, por lo tanto, no son decisiones tomadas por una entidad individual. Por consiguiente, el sabio siempre está en armonía con la Fuente. Cuando el destello de Comprensión Final tiene lugar, no es improbable que el individuo tome consciencia plena de la totalidad indivisa del universo y perciba con claridad que el espectro de opuestos polares es una gran ilusión, como una pelea fingida entre amantes en una obra de teatro. El resultado puede ser un ataque incontrolado de risa o un intenso llanto.
Con sólo permanecer plenamente conscientes de esto, la vida deja de ser un continuo proceso de elegir, comparar, juzgar, culpar y alabar en el que el estado de Testigo ―la observación impersonal que resulta de la aceptación de Lo-Que-Es― se da sólo en contadas ocasiones.
 
En la vida cotidiana uno debe afrontar problemas que tienen un asombroso número de causas aparentes y de posibles consecuencias. Por lo tanto, una cuestión de interés es la de si existe una causa básica común a dichos problemas que pueda ser aislada y tratada. Sin duda, la causa básica del conflicto y la infelicidad humana es el "dualismo", que es un concepto distinto del de "dualidad". La diferencia esencial entre ambos conceptos debe ser analizada concienzudamente y comprendida en toda su profundidad. De hecho, esa comprensión podría ser por sí misma la solución de la infelicidad humana, pues liberaría al ser humano del dilema en el que se encuentra sumido en su infatigable búsqueda de una felicidad completa.
La "dualidad" es polar, es decir, está basada en la interrelación entre pares de opuestos y, por consiguiente, no implica una verdadera separación; por el contrario, "dualismo" significa oposición, separación y, por tanto, conflicto. La manifestación fenoménica es, por tanto, un proceso de objetivación que, por la propia naturaleza de este proceso, precisa de la dicotomía entre dos elementos: un objeto que percibe y un objeto que es percibido. Éste es el proceso conocido como "ditalidad": todos los fenómenos perceptibles sensorialmente corresponden a la correlación de un sujeto (el objeto que percibe) y un objeto (el objeto que es percibido).
Por consiguiente, sin el proceso de la dualidad no puede existir ningún fenómeno. Además, ninguno de los dos objetos fenoménicos (ni el sujeto que percibe ni el objeto que es percibido) tiene en sí mismo una existencia autónoma: la existencia del uno está supeditada a la existencia del otro.
Cuando se comprende la esencia de la dualidad, desaparece el problema del samsara (la vida cotidiana fenoménica) y de la esclavitud del individuo imaginario, por la sencilla razón de que se percibe con claridad que el "individuo" en cuestión es tan sólo el aparato psicosomático, el instrumento a través del cual tiene lugar el proceso de percibir y conocer. Nuestra infelicidad, nuestro conflicto y nuestra esclavitud surgen como resultado de la identificación errónea de Lo-Que-Somos (Consciencia) con el elemento objeto-perceptor como entidad autónoma, lo cual produce en la mente-total (Consciencia) una dicotomía entre sujeto y objeto.
Esta identificación o "entificación" como entidad separada e independiente (como pseudo-sujeto) es el "dualismo" (el maia) que resulta de la aplicación errónea, en la vida cotidiana, del principio original de la dualidad. Por su propia naturaleza, este proceso está basado en un principio de polaridad y de interrelación y, por tanto, en él no tiene sentido la separación. Es esta entificación ilusoria la que provoca todo el conflicto, todo el sufrimiento, toda la infelicidad a la que se conoce comúnmente como "esclavitud". La percepción directa, instantánea y total de la naturaleza ilusoria del pseudo-sujeto como hacedor independiente significa, por sí misma, la liberación de dicha esclavitud.
 
La Comprensión última de Lo-Que-Es, no una mera comprensión intelectual, trae consigo verdadera humildad y la aniquilación de la sensación de ser el hacedor en la entidad egoica. Esto hace que las acciones sean naturales y espontáneas, lo que refleja el hecho de que la verdadera inteligencia humana (no la mente-intelecto) no es algo ajeno a la naturaleza del ser humano. La inteligencia humana es un aspecto intrínseco del universo fenoménico que mantiene el orden funcional en un equilibrio dinámico a través de la operación de la Consciencia, que es el sustrato de la manifestación fenoménica.
Este equilibrio en el orden funcional de la manifestación fenoménica se mantiene a través del mecanismo natural de polaridad entre lo que aparentemente son elementos opuestos. Por ello, cualquier conflicto basado en la existencia de pares opuestos rígidos e irreconciliables como bien y mal, sujeto y objeto, "yo" y "otro", resulta necesariamente superficial y sólo puede tener relevancia en un contexto cultural y temporal concreto.
 
La aceptación total de que nadie es el hacedor de ninguna acción está basada en la comprensión de que la percepción en el mundo fenoménico es una función impersonal y nouménica. Dicha percepción es percepción pura, pues no hay nada que sea percibido y no hay nada ―ningún objeto que asuma pseudo-subjetividad― que perciba. Aunque nuestro condicionamiento no nos permitirá aceptar esto fácilmente, el hecho es que, como seres sensibles, objetivamente no somos sino imágenes ilusorias de un sueño. Cualquier existencia fenoménica es una mera sombra que emerge en la Consciencia y todas las características de los seres sensibles ―su forma, su percibir, su conocer, su sentir, etc.― no son sino movimientos en la Consciencia, exactamente como sucede en el sueño. Así, todos los acontecimientos son movimientos en la Consciencia que precisan de la estructura imaginada del espacio y el tiempo para que puedan ser percibidos sensorialmente y medidos en duración, justo como sucede en el sueño.
La cuestión esencial que debe ser comprendida es que la Consciencia, en la que todo tiene lugar como en un sueño, es el soñador. Éste es el aspecto subjetivo y de percepción dinámica de la Consciencia estática, mientras que el aspecto objetivo es el elemento percibido, soñado y discernido. Dicho de otro modo: el sueño, constituido por la manifestación fenoménica, tiene lugar en la Conciencia, es percibido y conocido en la Consciencia y es interpretado por la Consciencia a través de la dualidad, que es el principio básico de toda manifestación fenoménica: la relación sujeto-objeto. Hay que tener presente que esta dualidad en la relación sujeto-objeto es meramente el mecanismo o instrumento a través del cual tiene lugar la manifestación ―y es, por supuesto, un concepto― con el resultado de que lo percibido no puede ser otra cosa que aquello que percibe. Todo lo que existe es Consciencia: el sujeto y el objeto, unidos inseparablemente cuando no están manifestados y concebidos, sólo aparecen como duales y separados cuando son concebidos en la manifestación fenoménica.
Esto está más claro y seguramente es más convincente si se analiza el estado de sueño. Lo que durante el sueño nos parecen personajes reales vivos con sentimientos y reacciones ―incluyéndonos a nosotros mismos― se ven al despertar como una serie de formas ilusorias totalmente desprovistas de toda elección o volición. Esta vida cotidiana, en la que pensamos que somos sujetos en relación a otros seres humanos que constituyen nuestros objetos, realmente es un sueño viviente que, en esencia, no es diferente en modo alguno del sueño personal. Estamos totalmente equivocados cuando pensamos que somos entidades autónomas e independientes que pueden pensar, elegir y tomar decisiones. Si tan sólo revisáramos con calma cualquier período de nuestras vidas, sin duda encontraríamos que, aunque pensábamos que estábamos tomando las decisiones, los acontecimientos han tenido lugar de acuerdo con un plan maestro que se desarrolla a una escala gigantesca y en el que hemos sido meros peones.
El caso es que en este sueño viviente que es la vida, todos los personajes son meros objetos en la mente que sueña ―que es el contenido de la Conciencia― a través de un proceso de la dualidad al que se da el nombre de "causación". No puede haber ningún sujeto distinto de la Consciencia, con el resultado inevitable de que ¡el objeto es el sujeto, lo percibido es quien percibe! Hay una anécdota interesante al respecto sobre el sabio chino Chuang-Tse. Una mañana les dijo a sus discípulos que había soñado que se había convertido en una mariposa que volaba por el jardín revoloteando de flor en flor, y que estaba preocupado. Los discípulos se rieron y dijeron:
―Sólo fue un sueño, Maestro.
Chuang-Tse dijo:
―Esperad. Si pensáis que no hay razón para preocuparse estáis equivocados. Ahora, cuando estoy despierto estoy intrigado. Tengo una duda muy seria. Si Chuang-Tse puede soñar que se ha convertido en una mariposa, ¿por qué no puede soñar la mariposa que se ha convertido en Chuang-Tse? Ahora, ¿quién es realmente quién? ¿Soy una mariposa que sueña que se ha convertido en Chuang-Tse o soy Chuang-Tse soñando que se ha convertido en mariposa?
El sueño del vivir, visto de forma fenoménica, es tan sólo una apariencia en la Consciencia, percibida y conocida por la Consciencia y, en ese sentido, es una apariencia tan ilusoria como la de un espejismo. Pero vista de forma nouménica, la manifestación fenoménica no sólo no es pensamiento sino que lo es todo, puesto que los elementos esenciales en el sueño no pueden ser nada distinto del propio soñador. "Aquello-que-sueña", el aspecto subjetivo de la Consciencia, es a la vez el sueño y todo lo que hay en el sueño. Es decir, los seres sensibles, que de forma fenoménica son simples objetos en la manifestación, son en realidad el Sujeto puro, el Plenum Potencial. Fenoménicamente, este Sujeto puede asemejarse a la vacuidad de la nada, que resulta cuando los opuestos interconectados de la dualidad se superponen y dan lugar a la negación total. En este sueño viviente lo que despierta no es el objeto. El despertar sucede cuando tiene lugar la des-identificación del soñador con su objeto, cuando la entidad se disuelve como resultado de la comprensión de que lo que parecía un objeto es, de hecho, el Sujeto puro.
Cuando se reconoce que la percepción verdadera es el funcionamiento objetivo del Sujeto, el pseudo-sujeto desaparece y la entidad egoica es aniquilada. Por ello, la verdadera percepción consiste en no ver los fenómenos como nuestros objetos. En el momento en que percibimos los fenómenos como nuestros objetos, establecemos una relación objetiva con las cosas y creamos una dicotomía entre sujeto y objeto, entre "uno mismo" y "otro". Es esta separación aparente la que causa el sufrimiento y la que se conoce como "esclavitud". Percibir de forma nouménica no es una percepción objetiva sino subjetiva, en el sentido de que, con la comprensión de que ni el objeto ni su sujeto existen salvo como apariencias, los fenómenos se ven como algo que no está separado de nosotros mismos. Por lo tanto, la verdadera percepción se produce cuando se deja de conceptualizar, viendo así el universo fenoménico sin comparar, sin elegir, sin juzgar, sin establecer con el mismo una relación sujeto-objeto.
¿Cuál es el sentido de esta verdadera percepción? ¿Qué sucede? La respuesta es "no sucede nada" y "sucede todo". "Nada" porque todo lo que ocurre es conceptualización y cuando ésta se detiene lo único que sucede es que "nosotros" (como "Yo" subjetivo) seguimos siendo lo que éramos "antes de nacer". Y "todo", porque la nada del vacío fenoménico es en realidad la plenitud del Plenum Potencial nouménico. Es decir, cuando la conceptualización cesa, el falso ver, el "ver-hacia-fuera", se detiene y lo que queda es el "ver-hacia-dentro", la Fuente misma de toda visión; no un ver desde la entidad sino desde dentro, desde la Fuente, un ver Nouménico en el que no hay entidad alguna.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

CONOCERTE A TI MISMO

por Jean Klein
Jean Klein
Estar libre de la idea de ser alguien, eso es iluminación
La forma humana es un microcosmos del universo. Todo cuanto supuestamente existe fuera de nosotros existe, en realidad, en nosotros. El mundo está en ti y puede darse a conocer en ti como tú mismo. Entones, ¿qué es este “tú”?
Como seres humanos relacionados con todos los seres vivos, debemos estar primero relacionados con nosotros mismos. No podemos entender, amar y recibir a los demás sin, en primer lugar, conocernos y amarnos a nosotros mismos. Generalmente, sin embargo, pasamos nuestras vidas enteras dedicados a lo que evidentemente está fuera de nosotros sin mirar jamás a lo que está más cercano. No dedicamos tiempo alguno a la lectura cuidadosa de nuestro propio libro, de nuestras reacciones, resistencias, tensiones, estados emocionales, tensiones físicas y todo lo demás. Esta lectura no requiere sistema alguno ni tiempo especialmente asignado a la introspección. Implica solamente mirarse a sí mismo durante el día sin la habitual identificación con un centro de referencia individual, una imagen de yo, una personalidad, un propagador de puntos de vista.
Para enfrentarnos a nosotros mismos científicamente debemos aceptar los hechos como son sin acuerdo, desacuerdo o conclusión. No se trata de una aceptación mental, de una aceptación de ideas, sino de algo completamente práctico, funcional. Sólo requiere estar alerta. La atención debe ser bipolar. Vemos la situación y, al mismo tiempo, vemos cómo ésta hace eco en nosotros como sentimiento y pensamiento. En otras palabras, los hechos de una situación deben incluir nuestras propias reacciones. Nos quedamos en el proceso científico, libres de juicio, interpretación y evaluación, únicamente atentos, en diferentes momentos del día, a nuestro terreno psicológico, intelectual y físico y a nuestro nivel de vitalidad. No existe motivo alguno ni interferencia de un “yo”, ni deseo de cambiar, crecer o llegar a ser. La aceptación funcional no es moral.
No hay necesidad de optar por un nuevo modo de vida que, inevitablemente, se convierte en un sistema como otro cualquiera. Cuando la atención es bipolar, en un principio hay observación del así llamado mundo exterior pero con un énfasis en los movimientos internos. Después, estos movimientos, los gustos y los disgustos, se convierten a su vez en el objeto de exploración. De este modo llegamos a intimar más con nosotros mismos, nos hacemos más conscientes de cómo funcionamos de momento a momento en la vida diaria. Cuando somos exploradores, el verdadero escuchar aparece automáticamente y en escuchar hay apertura, receptividad. La exploración nunca se convierte en una fijación con una meta a alcanzar. Permanece como una bienvenida que aporta originalidad y vida a cada momento.
Muchas terapias nos dicen que nos aceptemos a nosotros mismos pero esta aceptación psicológica, a través de diversos tipos de análisis, se refiere siempre a un centro individual. En tanto que la idea del individuo permanece, hay un motivo escondido en la aceptación. No es una aceptación incondicional sino que está basada en un ideal, o una comparación, y siempre contiene un elemento de resignación. La psicología cree en la existencia del ego y su tarea consiste en hacer éste más cómodo, fuerte e integrado. El que podamos organizar nuestra vida de manera más satisfactoria ya es algo, pero no puede haber jamás una vía que nos lleve más allá de lo conocido. Estos procesos nos mantienen interesados en el objeto por sutil que éste pueda llegar a ser. En la aceptación funcional, el énfasis no está en lo que aceptamos sino en la aceptación misma. Nada hay para intentar añadir o sustraer de la vida que estás viviendo. Esta requiere tan sólo estar alerta para ver los hábitos del pensamiento y el modo en que éstos nos comprometen.
Cuando vemos que casi toda nuestra existencia es una repetición mecánica, automáticamente salimos del modelo para entrar en la observación. Todos los intentos de cambiarnos a nosotros mismos se basan en la interpretación que supone la existencia de un intérprete pero, cuando no hay nadie para interpretar, ningún centro de referencia, el énfasis cae espontáneamente en la acción misma de observar. Es importante darse cuenta de que este observar sin un agente (un "yo") no es una actitud ni un estado. El objeto no es interesante. La observación en sí tiene su propio sabor y no necesita adición alguna. Es la misma apertura, o bienvenida, que constituye nuestro ser natural.
Para entrar en relación con uno mismo y, de este modo, con el mundo, toda interferencia debe cesar. Es el observador quien, proyectando constantemente conocimiento y deseos adquiridos, mantiene lo observado como objeto y de ese modo destruye toda verdadera comunicación, que es amor. Con la desaparición del hábito de ser alguien que hace algo, sólo la atención desnuda queda y, a la luz de ésta, se hace claro el funcionamiento de proyección. La mente recobra su sensibilidad y flexibilidad naturales y, al mismo tiempo, sentimos libertad en relación con nuestro entorno. En la exploración abierta, en la que te aceptas a ti mismo científicamente, llegará el día en que te sientas completamente autónomo y realizado sin calificación.
Fuente: Jean Klein. ¿Quién soy yo? La búsqueda sagrada
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lunes, 18 de septiembre de 2017

EL CUERPO DESPIERTO

por Ellen Emmet
Ellen Emmet
Muchos de nosotros resonamos con el entendimiento de que lo que realmente somos es Conciencia universal, infinita y siempre-presente. En esos momentos de reconocimiento sin tiempo, la creencia conceptual en la separación y la sensación de ser un cuerpo físico, sólido, limitado y localizado están ausentes. Nuestra mente es impactada con la luz del puro entendimiento y nuestro cuerpo es experimentado de acuerdo con su estado natural de transparencia, expansión, ingravidez, fluidez y pulsación. Todo nuestro ser vibra con la paz profunda y la alegría desbordante que es su origen y esencia. Su música es pura apertura, amplitud y amor. El cuerpo y la mente se han fusionado con su origen.
Sin embargo, mientras que muchos de nosotros hemos tomado conciencia de las creencias y patrones de pensamiento que parecen crear, reflejar y mantener una identidad separada, en la mayoría de los casos esta claridad aún no ha logrado penetrar debajo de la superficie para alcanzar las capas irracionales de sentimientos y sensaciones que siguen dando forma a la entidad separada. Sin que nos demos cuenta de ello, nuestra experiencia corporal continúa perpetuando la ilusión de que lo que somos es una conciencia individual limitada, sólida y localizada, que se encuentra separada del conjunto y de todos los demás seres.
Si cerramos los ojos y permitimos que el flujo de nuestra experiencia momento a momento emerja en nuestra atención enfocada, podemos notar que la experiencia que llamamos "el cuerpo", y en particular el sentido de peso y densidad, o las tensiones y contracciones localizadas en la cabeza y el pecho, son experimentadas como íntimas, vivas y de algún modo como "yo". Mientras tanto, otras percepciones que también pueden estar presentes, como un sonido en la distancia o la percepción táctil del suelo o los cojines, parecen pertenecer a objetos que viven en un mundo que está separado y fuera de "yo".
Este es el resultado de vidas de condicionamiento. Nuestra experiencia sentida de nuestra verdadera naturaleza ha sido distorsionada por décadas de "yo", "tú", "mío" y "tuyo", proyectados sin cesar en nuestro cuerpo-mente por los padres, maestros y compañeros, y por nuestra cultura en general, en una colectiva y subconsciente conspiración de ignorancia auto-perpetuada.
Así como los pensamientos que se refieren a una identidad separada parecen obstruir la claridad natural de nuestra inteligencia inherente, los patrones psicosomáticos basados ​​en defender y mantener una entidad separada imaginaria parecen asumir el control del funcionamiento natural, tranquilo y transparente del cuerpo.
Por ejemplo nosotros nos experimentamos a nosotros mismos como si fuéramos un respirador individual que inhala y exhala y que vive en algún lugar del diafragma o de la cabeza. Esta sensación parece ocultar la experiencia natural de la respiración universal no-localizada como una ola de la Conciencia, que va y viene desde y hacia su fuente.
O experimentamos que somos un individuo, un cuerpo objetivo, e incluso mecánico, que se mueve y deambula voluntariamente a través de un espacio que es a veces acogedor y a veces amenazador. Esta experiencia parece obstaculizar o impedir la sensibilidad natural que de manera espontánea y sin esfuerzo, da nacimiento a la subida y bajada, la expansión y contracción del flujo de energía universal.
Recuerdos fijos y esquemas visuales del cuerpo, se superponen en nuestra experiencia real del cuerpo, están diseñados para proteger y defender la imagen proyectada que parece funcionar en su centro. Así, el "yo" real, la Conciencia abierta, indivisa e ilimitada parece estar separada, limitada y fragmentada. Mientras tanto, el funcionamiento armonioso y orgánico del cuerpo parece estar comprometido por una artificial, complicada y, al final, misión imposible.
Durante las sesiones del yoga de la no-dualidad, investigamos este sentimiento infundado de la separación. Con la apertura como nuestra base, utilizamos la sensación, las exploraciones táctiles, las visualizaciones, las posturas, los movimientos y la respiración, y entregamos la sensibilidad de nuestro cuerpo a esta pura apertura. Permitimos que la creencia en el sentido de separación, que vive como energía cristalizada en los sistemas celular, muscular, esquelético, linfático y nervioso del cuerpo, sea experimentada directamente.
Con el tiempo, esto permite un reajuste suave y natural con la comprensión sentida de que la verdadera naturaleza y esencia del cuerpo es esta misma apertura.

¿En qué se diferencia de otros tipos de yoga?

Estas sesiones corporales provienen de una fuente de profundo amor y apertura. Son exploraciones sagradas que no buscan otra cosa que la exposición y la posterior disolución de la sensación de separación en el sentimiento-entendimiento directo de nuestra verdadera naturaleza.
Así que, aunque no estemos plenamente establecidos en nuestra verdadera naturaleza y aún podamos sentir que somos una Conciencia separada, llegamos a las sesiones corporales como si fuéramos a nuestro altar más sagrado: abiertos, sinceros y sin conocimiento. Se nos invita gentilmente a entregar nuestras mentes, cuerpos y corazones, y todo lo que percibimos como nosotros mismos que somos o no somos, a esa abierta Presencia invisible. Pronto nos encontramos, de forma natural, ocupando nuestro lugar en y como esta Presencia imperceptible que atestigua toda experiencia. Este enfoque difiere de la mayoría de otras exploraciones de yoga o del cuerpo que tienen que ver con el mejoramiento, la curación o la espiritualización de un cuerpo-mente objetivo individual. En este enfoque no nos centramos en alcanzar estados de expansión y transparencia en los que el cuerpo, por más sutil que sea, sigue siendo un objeto de identificación.
En el yoga de la no-dualidad, nuestro cuerpo real es siempre y únicamente el cuerpo de la Presencia. Estamos únicamente interesados en revelar las capas de sentimientos/creencias que se interponen en el camino de esta realización.

¿Cómo se desarrolla?

Después de abrirnos a la posibilidad de la Presencia como la referencia inmanente y trascendente de todas nuestras experiencias objetivas, nos aventuramos en una profunda exploración de la ilusión de la separación al nivel no racional de la sensación, el sentimiento y la percepción.
Empezamos por escuchar directamente a nuestra experiencia del cuerpo, sin la acostumbrada mediación de un concepto, recuerdo o imagen. Nos tomamos nuestro tiempo, volviendo a despertar el nivel táctil y sensual de la experiencia por debajo del umbral de la experiencia racional. Permitimos que la memoria de un cuerpo helado se derrita en la música momento a momento de temperaturas, texturas, peso, presión, vibración, pulsación, expansión y contracciones. Damos la bienvenida al flujo de sensación en una cualidad de apertura y sensibilidad que es sin dirección ni volición, libre de cualquier agenda, juicio o intención.
Gradualmente las sensaciones y sentimientos, al igual que los pensamientos y percepciones, se ven que se desarrollan como nubes en el cielo abierto, indiviso y consciente de la Presencia. Mientras nos reconocemos a nosotros mismos siendo el cielo, sentimos y comprendemos que una sensación nunca aparece en "mi cuerpo", al igual que un pensamiento nunca aparece en "mi cerebro" o un sonido en "el mundo". Más bien vemos que la sensación, el sonido y el pensamiento aparecen en mí mismo sin ninguna existencia separada o individual de un cuerpo, mente o mundo.
Nos damos cuenta de que al igual que el sonido que percibimos, como el pensamiento que pensamos, la sensación corporal es sutil por naturaleza. No es sólida o tangible y no puede ser capturada o medida. Es como una nube que aparece en mí mismo y está hecha de mi propia sustancia invisible. Y así llegamos a saber que la sustancia misma de la sensación es la apertura que yo soy.
Se nos invita a liberar el peso de las piernas y las manos en la superficie de contacto de una base que es sensación puramente táctil. Mientras intentamos esto, los hábitos que crean y mantienen un sentido de densidad y desconexión entre un cuerpo sólido y una base inerte se revelan.
Se nos invita para que la sensación de hormigueo de la envoltura física de forma natural irradie y se expanda en un espacio circundante que es íntimo y vivo. Cuando tratamos de hacer esto, nos damos cuenta de la contracción sutil al nivel de la piel que mantiene un sentido de cohesión corporal y permanencia. A medida que avanzamos con cuidado y abiertamente, sentimos y comprendemos que el esfuerzo que parece ser necesario para expandirnos es, de hecho, la revelación de la tensión que antes se estaba generando con el fin de crear y mantener un aparente y separado yo.
Exploramos los movimientos, posturas, visualizaciones y la respiración. Estas son oportunidades para realinear el sentir, el percibir y el mover con nuestra recién descubierta identidad infinita y transparente.
Evocamos movimientos sin un movedor, y exploramos las cualidades innatas de transparencia, ingravidez y amorosidad. Invitamos a los gestos sin origen o destino; una respiración que no requiere ser empujada o sujetada.
En la apertura de esta exploración, capa sobre capa de sentimientos tan habituales que ya no se sienten, o tan íntimos que se dan por sentados como ser "yo mismo", comienzan a aflorar.
No tenemos que hacer nada con ellos pero permanecemos abiertos, amorosos y a la escucha, y sin embargo, indiferentes a la historia incorporada en su interior. En esta contemplación abierta viene una cooperación espontánea a nivel del cuerpo, como si cada sentimiento y sensación se ofreciera de buen grado volver a la Presencia. Con naturalidad y sin esfuerzo, la yo-idad que impregnaba la sensación se disuelve de nuevo en el no-localizado y siempre-presente Yo.
Este nivel de investigación se pasa por alto sobre todo en la enseñanza no-dual contemporánea. En una cultura que favorece el pensamiento analítico y la conceptualización, somos más fácilmente condicionados a examinar nuestra experiencia usando nuestra mente en lugar de un enfoque menos racional, directamente táctil y sensorial. Sin embargo, el cuerpo-mente sólo puede ser completamente re-orquestado por este entendimiento cuando se haya permitido que todas las capas de identificación ocultas salgan a la superficie totalmente, y sean vistas en la luz de la Conciencia.

jueves, 31 de agosto de 2017

LA LLAMA DEL SER



Artículos - Jean Klein

Un diálogo con Jean Klein y Michael Toms (Non-Duality Press, 1989)
Jean Klein
Michael Toms: Jean, ¿cuál es su idea acerca de la vida? ¿Qué es la vida para usted?
Jean Klein: La vida es consciencia y la consciencia es vida. Pero hay que hacer una distinción entre la consciencia, la vida, y sus expresiones. Sus expresiones aparecen en el espacio y el tiempo, son objetos. Pero estos objetos se refiere a la consciencia, a la vida. Hasta que no hayamos entendido la vida, la consciencia, estas expresiones son todavía reconocidas como objetos. Pero una vez que uno entiende la vida, que tú ERES la vida, entonces estos objetos no son considerados más como objetos, son simplemente consciencia. Se refieren a la consciencia y tienen su propio origen en la consciencia.
Este es un momento muy importante. De lo contrario sólo sería una relación entre un objeto y un objeto, lo que significa conflicto. Pero cuando el objeto se refiere a su origen, la consciencia, no hay más conflicto. La vida, la consciencia ― nunca se pueden objetivar. La consciencia es el sujeto último, el sujeto último de todos los objetos. Como hemos dicho, nunca puede ser un objeto. Y nosotros SOMOS consciencia. Nosotros somos realmente cuando estamos ausentes. Somos la ausencia de nosotros mismos. Y en la ausencia de nosotros mismos hay vida, hay consciencia, hay felicidad. Amo la vida y la vida es el amor.
MT: Solemos ver cosas ahí fuera y lo que le oigo decir es que está sugiriendo que no hay nada o ninguna cosa ahí fuera. Que más bien somos parte de eso.
JK: No hay nada fuera de la consciencia. Los objetos, lo que uno ve, lo que oye, lo que huele, lo que saborea, se refiere... diría que tiene su origen en la consciencia, en la vida y se refieren a la vida. Así que no hay nada fuera, todo está dentro. Todo lo que está fuera es percibido en el espacio y el tiempo, pero la consciencia o la vida es un continuo, ES. Así que las expresiones de la vida apuntan a la vida. Son más o menos punteros, pero no son la vida. Son realmente vida cuando uno está establecido conscientemente en la vida, en la consciencia. Entonces, estos objetos se refieren a la consciencia. Entonces son algo diferente. Todavía son en cierta forma objetos, pero ya no son objetos en el sentido ordinario.
MT: Esta es una definición más amplia de la consciencia de la que solemos tener en Occidente ― lo que le escucho decir. Porque normalmente nos referirnos a la consciencia ya sea como consciencia despierta o dormida. No pensamos que la consciencia resida fuera de nosotros.
JK: Sí. Cuando hablamos de estos tres estados, la vigilia, el sueño, y el sueño profundo, la realidad subyacente es la consciencia. Principalmente estamos despiertos en los objetos, pero no estamos despiertos en la consciencia. La consciencia, nuestra verdadera naturaleza, es cuando hay una ausencia de nosotros mismos. En realidad somos nuestra ausencia. Nuestra ausencia es presencia.
MT: Jean, cuando usted dice que nuestra ausencia es nuestra presencia. ¿Quién está ausente?
JK: Lo que somos, nunca puede ser objetivado. Por lo tanto, todo tipo de llegar a ser, de lograr, de conseguir se aparta lejos de lo que somos. Lo que somos, es lo más cercano a nosotros. Lograr y llegar a ser, sólo pueden ser un objeto. Pero lo que somos no puede ser nunca un objeto. Somos el sujeto último. Llegar a ser, lograr, cualquier técnica es muy buena para aprender un idioma, para aprender una ciencia, pero para conocer lo que somos fundamentalmente ― lo somos. Es lo más cercano a nosotros.
Creo que es más importante ver que no hay nada que lograr, nada que alcanzar. Cuando lo ves realmente, cuando lo entiendes realmente, toda la energía que has gastado en lograr, en llegar a ser se detiene, llega a un punto muerto. Y yo diría que en este punto muerto, no hay ninguna dirección más a dónde ir. Toda la energía vuelve a su origen. Y este momento se refiere a sí mismo. Es su propio conocimiento, libre de cualquier agente. Así que el término, del que hablamos muy a menudo, la iluminación, ocurre sólo cuando ves el momento en que no hay nadie. En el momento en que ves que no hay nadie, ninguna entidad, entidad personal, eso es iluminación. Así que nunca puedes ir hacia ella. Sólo puedes ver lo que no es, lo que no eres, el cuerpo, los sentidos y la mente.
MT: Recuerdo las palabras de Lao Tzu, "El Tao que puede ser nombrado no es el verdadero Tao".
JK: Exacto. Cada paso que das, aunque sea un pelo, te sales del camino.
MT: Nosotros pensamos de nosotros mismos que somos criaturas racionales, lógicas, pensantes. ¿Qué pasa con el proceso del pensamiento en medio de esta comprensión viva?
JK: El pensar, si lo ves desde un nivel muy alto es un pensar diferente. El verdadero pensar nunca comienza con el pensamiento. En el verdadero pensar, debemos apartar la mirada del pensar. Al igual que hay que apartar la mirada de la meta (Jean realiza la acción de tirar de un arco). Así que el pensar debe estar libre de toda intención. Por supuesto, el pensar racional, el pensar práctico, el pensar científico comienza con un pensamiento. Pero el pensar creativo se inicia desde el silencio. Todo pensar tiene su propio origen en el silencio, incluso el pensar racional, el pensar práctico, el pensar calculador.
MT: ¿Así que la fuente de la creatividad puede estar también en el silencio?
JK: Sí. En el silencio es nuestra potencialidad, nuestra creatividad. Pero este silencio no es el silencio de la mente. La mente de vez en cuando puede ser silenciosa. Pero el silencio del que estamos hablando está más allá de la mente. Cuando la mente comprende sus límites, entonces la mente brinda libertad. Y creo que cuando la mente se vuelve aquietada estamos abiertos a la verdadera quietud, momentos atemporales en los que no hay más momentos, en los que hay eternidad.

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