lunes, 20 de noviembre de 2017

Nuestro ser esencial

Encuentro con Rupert Spira (III) Barcelona - Febrero 2013
Rupert Spira
Rupert Spira: Dejadme que os dé algunas noticias desalentadoras sobre la iluminación. La iluminación no es ningún tipo particular de experiencia, no es una experiencia que pueda encontrarse en la mente, el cuerpo o el mundo. Si estamos buscando la iluminación en algún lugar o en algún momento, estamos entonces buscando en el lugar equivocado.
Imaginad que os sugiriese que os levantéis y deis un paso hacia vosotros mismos. ¿En qué dirección iríais? Cualquier dirección que adoptarais sería una dirección equivocada pero, al mismo tiempo, cualquier paso que dierais no os alejaría de vosotros mismos.
Si dijera: "Ve hacia la consciencia", "ve hacia aquello, sea lo que sea, que es consciente de tu experiencia"... ¿Hacia dónde irías? ¿En qué dirección? Y, ¿quién sería el que estaría yendo hacia esa dirección?
No pienses sobre esto, explora realmente tu experiencia. ¿Puedes dirigir tu atención a eso, sea lo que sea, que es consciente de tu experiencia? ¿Puedes volver tu atención sobre ella misma?
La atención es consciencia más un objeto. Cuando la atención cesa de ir hacia el exterior, hacia los objetos de la mente, del cuerpo y del mundo, fluye de regreso hacia sí misma y resplandece como pura presencia consciente.
Permite que tu presencia consciente descanse en sí misma, en tanto que sí misma, en lugar de ir hacia el exterior, hacia un objeto de la mente, del cuerpo o del mundo.
Éstas son las dos únicas posibilidades para nuestra atención. Una es ir hacia el exterior, hacia los pensamientos, sensaciones, sentimientos y percepciones. Y la otra es volverse hacia su propia fuente y disolverse en pura presencia consciente.
Es por el hecho que estamos habituados a poner nuestra atención en los objetos de la mente, del cuerpo y del mundo, que imaginamos que la iluminación es algún tipo de súper-extraordinario objeto y nos ponemos a buscar esa experiencia extraordinaria. De vez en cuando podemos encontrar experiencias extraordinarias pero, como todas las experiencias, van a desaparecer y nos dejarán en el mismo estado de búsqueda y en el mismo estado de infelicidad.
Más pronto o más tarde tendremos que tener la valentía y la claridad para ver que aquello que realmente anhelamos en la vida no es ningún tipo de objeto: No es ni un pensamiento, ni una sensación, ni un sentimiento, ni una percepción. Incluso el estado más maravilloso de expansión de la mente no es más que otro tipo de objeto sutil. Si estamos buscando algo en particular, estamos buscando en la dirección equivocada.
Pregúntate: ¿Qué es lo que hace el mirar? ¿Qué es eso que es consciente de todos los objetos de la mente, del cuerpo y del mundo? ¿Qué es eso que es consciente de las experiencias maravillosas y de las malas experiencias? ¿Qué es eso que es consciente de todo?
Eso no es una experiencia. Eso es íntimamente uno con toda experiencia, pero en sí mismo no es una experiencia; de la misma manera que la pantalla es íntimamente una con todas las imágenes, pero no es en sí misma una imagen.
Ser conscientemente eso, es la cosa más fácil del mundo, no se requiere el más mínimo esfuerzo para ser eso; de hecho, se necesitaría un esfuerzo del pensar y del sentir para pretender ser otra cosa que eso.
Esto es exactamente lo que el yo separado es: La pretensión de ser otra cosa distinta que la presencia de la consciencia.
Cada vez que el pensamiento afirma eso en una de sus excursiones al pasado o al futuro pregúntale: ¿Dónde vas? y ¿Por qué? Casi siempre nos dará la misma respuesta: "Estoy buscando un objeto que finalmente me haga feliz".
No intentes disciplinar este pensamiento que busca. Encuéntralo con tu comprensión; la comprensión de que la paz imperecedera no puede ser hallada en un objeto intermitente. Permite que ese pensamiento que busca, descanse en esa comprensión.
Aquello que es esencial en nosotros no puede ser retirado. Algo que es superfluo puede ser retirado, y sólo aquello que no se nos puede quitar constituye nuestra naturaleza esencial. Pregúntate: ¿Qué es eso?
Se pueden retirar los pensamientos. Cada vez que un pensamiento acaba, desaparece, pero nosotros no dejamos de ser; entonces, obviamente, los pensamientos no son esenciales en nosotros.
Lo mismo sucede con las sensaciones, las sensaciones corporales están continuamente apareciendo y desapareciendo, y toda sensación que hayamos tenido ha desaparecido; así que no pueden ser esenciales a nuestro ser.
Lo mismo ocurre con las percepciones; quiero decir, vistas, sonidos, texturas, gustos y olores. Todas éstas están siempre yendo y viendo, siendo añadidas a nosotros y después retiradas de nosotros.
Sucede lo mismo con las imágenes que aparecen en la pantalla y luego se retiran. La imagen no es esencial a la pantalla.
Pregúntate: ¿Qué es esencial a mi ser, a mi yo? No contestes "no lo sé"; aquello que sea que es esencial en ti jamás ha sido retirado de ti. Lo conoces más íntimamente que cualquier otra cosa. ¿Qué es eso?... Cuando todo lo que puede ser retirado es retirado, ¿qué es lo que permanece?
Pasar por alto este ser esencial y confundirse a sí mismo con una amalgama temporal de sentimientos y pensamientos es locura y es la enfermedad que sufre la gran mayoría de la humanidad.
Y, sin embargo, a lo largo de toda nuestra experiencia, nuestro propio ser está permanentemente habitando en sí mismo y en tanto que sí mismo. No está escondido o enterrado en el cuerpo-mente, sino resplandeciendo a plena vista en el corazón de toda experiencia. Así como la pantalla no está escondida detrás de una imagen, sino que está siempre resplandeciendo a plena vista, independientemente de la imagen. Ve que tu naturaleza esencial jamás es oscurecida por experiencia alguna.
Nuestros pensamientos y sentimientos parecen limitar nuestro ser esencial, al igual que las imágenes parecen limitar la pantalla en la que aparecen. De hecho, nuestro ser esencial de presencia consciente jamás está limitado por ningún pensamiento ni sentimiento; de la misma manera como ninguna imagen limita verdaderamente la pantalla, no la limita ni tampoco la oculta.
Permanece con tu ser esencial, no te pierdas en los objetos de la mente, del cuerpo o del mundo, no hay necesidad de cambiar o eliminar ninguno de estos objetos, deja que sean tal como son y tú permanece exactamente tal como eres. No te pierdas en un objeto.
Este ser esencial que somos es el único y verdadero refugio, es el único lugar en el que es posible encontrar auténtica paz. Buscar paz en cualquier otro lugar, quiero decir en la mente, el cuerpo o en el mundo, es algo equivocado. No es posible encontrar paz en un objeto temporal y finito.
El simple conocer de tu propio ser es el conocerse de sí mismo; es la única morada verdadera de la paz. Tu propio ser siempre está disponible en cualquier circunstancia, jamás está un paso más allá de la experiencia presente, está justo en el corazón de cualquier experiencia por difícil que sea. Tu ser, eternamente dichoso, siempre está resplandeciendo.
Extraído de un diálogo - Barcelona (España), 16 de febrero de 2013

viernes, 17 de noviembre de 2017




"Yo Soy" Dios ― La Realidad Última

por Michael JamesExtracto (3) de la introducción a: la felicidad y el arte de ser
Arunachala Light

Las gentes que practican la devoción dualista, creen que la forma más alta de devoción a Dios ―la forma más pura de amor― es entregarnos completamente a él. Para entregarse a él, ellos tratan de negarse a sí mismos abandonando su apego a todo lo que consideran como "mío", y en particular renunciando a su propia voluntad individual. Así pues, la plegaria última de todo devoto verdadero es, "Hágase tu voluntad ―no mi voluntad, sino solo la tuya".
Sin embargo, mientras la mente exista, inevitablemente tendrá una voluntad suya propia. El deseo y el apego son inherentes a la mente, el material mismo del cual ella está hecha. Por lo tanto, mientras nos sintamos como un "yo" individual, tendremos también una voluntad individual, y sentiremos un sentido de apego a "mío". La única manera en que podemos entregar nuestra voluntad y abandonar todos los apegos, es entregando la mente que tiene una voluntad individual y siente apego al cuerpo y a otras posesiones.
Tratar de entregar nuestra voluntad individual y el sentido de "mío" ―los deseos y apegos― sin entregar efectivamente la individualidad, el ego o sentido de ser un "yo" separado, es como cortar las hojas y las ramas de un árbol sin cortar su raíz. Hasta que y a no ser que cortemos la raíz, las ramas y hojas continuarán brotando una y otra vez. Similarmente, hasta que y a no ser que entreguemos el ego, la raíz de todos los deseos y apegos, todos nuestros esfuerzos por abandonar los deseos y apegos fracasarán, debido a que continuarán brotando una y otra vez en una forma sutil u otra. Por lo tanto la auto-entrega solo puede ser completa y final cuando el sí mismo individual, la consciencia limitada que llamamos "mente" o "ego", es entregada completamente.
Mientras sintamos que existimos como un individuo que está separado de Dios, no nos hemos entregado completamente a él. Aunque en verdad somos solo la consciencia pura, ilimitada y no-personal "yo soy", que es el espíritu o forma verdadera de Dios, sentimos que estamos separados de él debido a que nos tomamos erróneamente por una consciencia individual limitada que se ha identificado con un cuerpo particular.
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domingo, 12 de noviembre de 2017

La Conciencia y el Universo

La Filosofía de la Existencia en Ramana Maharshi y la Ciencia Moderna

por J. Sithamparanathan Extracto de: la filosofía de la existencia en ramana maharshi...
Conciencia y el Universo
La tesis básica de los Vedas es que una "Realidad Supremamente Inteligente, Consciente" ―llamada Brahman―, es la causa del cosmos. Según los Vedas, Brahman ―habiendo despertado como la conciencia "YO SOY"― sintió el deseo de manifestarse, produciendo las fuerzas creativas que hicieron evolucionar al Ser Uno para dar el universo múltiple.
En el Vedanta Advaita, que es la expresión más alta de la filosofía de los Vedas, Brahman ―la única realidad y sustrato del universo― es uno e indivisible. Los seres humanos son también, por tanto, parte de esta totalidad inseparable y auto-consistente, y por ello la conciencia humana implica que la totalidad también es consciente. Así, se considera que los seres humanos somos la prueba viviente de la conciencia cósmica que subyace al universo.
Los Vedas afirman que el sustrato de cada manifestación de la vida es la "pura conciencia". A esto se le llama Atma para distinguirlo de Paramatma el término con el que se designa a Brahman o Conciencia Absoluta, que es el sustrato de la totalidad del cosmos. A veces, en las escrituras, atma se describe corno una "particula" de Paratma, pero en esencia ambos son idénticos, puesto que Brahman es uno e indivisible. Tanto la fuerza de vida (prana) como la mente (manas) tienen su fuente en la Conciencia. La Conciencia Absoluta confinada en un cuerpo y energizada por la fuerza de vida, la mente y la percepción sutil recibe el nombre de jivatma, que equivale al término "alma".
La esencia de la visión védica es que la creación y la evolución del universo es simplemente la manifestación de la Conciencia Cósmica Absoluta (Brahman). Como Brahman es infinito, eterno, inmutable, indeterminado y sin atributos, no puede ser una causa del universo. Si Brahman mismo cambiara, dejaría de ser Brahman, puesto que es inmutable. Por tanto, para explicar la aparición del universo el Vedanta Advaita postula un "Brahman cambiante" ―una personalidad suprema llamada Ishvara― que combina entre sí las naturalezas del ser y del devenir. Él es el principio mediador entre Brahman y el universo: uno con Brahman y sin embargo relacionado con el universo material.
Los Vedas declaran así que Brahman, sobre el que todo descansa, se convierte en Ishvara, de quien procede el origen, la sustancia y la diversidad del universo. Por las cualidades especiales de su naturaleza y sus grandes poderes, Ishvara "se transforma" en el universo. El universo se origina en (y retorna a) Ishvara. Sankara, el gran exponente del Vedanta Advaita, argumenta a favor de la realidad de Ishvara sobre la base de que el universo no es inanimado, sino que está vivo y animado desde dentro. Por tanto, hay una inteligencia en toda materia, y es este poder inteligente ―Ishvara― el que produce el diseño y la organización que vemos en la Naturaleza. Esta actividad y conciencia pertenecen a la causa del universo: Ishvara.
Según Sankara, la conciencia y la vida de Ishvara late en todas las partes del universo, unificándolo todo, conteniéndolo todo. Ishvara y el universo ―la causa y el efecto― son idénticos. No son idénticos como formas o modificaciones, sino en su naturaleza fundamental de Brahman. Ishvara y el universo son expresiones, en el plano del espacio y del tiempo, de lo que ya existe potencialmente en Brahman; tanto Ishvara como el mundo de la experiencia son Brahman, puestos en los moldes de la lógica y la percepción sensorial.
Los descubrimientos más fundamentales de la física moderna han llevado la visión científica muy cerca de la de los Vedas. El formulador de la teoría bootstrap, que encarna la filosofía científica más avanzada, ha admitido que esta teoría tiene que integrar la conciencia como una propiedad de la naturaleza para asegurar la consistencia de la totalidad. Los Vedas declaran que Brahman, o la única Realidad, tiene la naturaleza de la Pura Conciencia. Así, las visiones científica y mística del universo convergen, y esto queda bien expresado en la cita siguiente:
El universo se parece más a un gran pensamiento ―como siempre han postulado los Vedas― que a una gran máquina, como ha creído la física clásica durante tanto tiempo 39.
Ramana Maharshi, como exponente del Vedanta Advaita al más alto nivel, resaltaba constantemente que la Realidad ―a la que él llamaba el Ser― era pura Seidad-Conciencia, infinita y eterna. Esto se refleja en las citas siguientes:
Sólo existe el Ser. La Pura Conciencia y el Ser son lo mismo. Siendo infinito y no-dual, no puede haber distinción entre perceptor y percibido, por tanto, no puede haber nada que haya de ser percibido, puesto que no es posible la relación sujeto-objeto. El mundo aparece ante el individuo por su conciencia individualizada, pero esta conciencia es la misma que la Pura Conciencia del Ser. Lo que aparece también es el Ser, puesto que no hay nada aparte del Ser. (Charla Nº 420.)
Sólo la Suprema Conciencia Perfecta e Infinita es. De ella surge la conciencia individual finita, por limitación (ilusoria). (Charla Nº 68.)
El Ser-Concíencia siempre está ahí, eterno y puro. La conciencia emergente (ego "yo") surge y se va, y por tanto es transitoria. Siguiendo su emerger, aparece el mundo. Cuando se va, el mundo desaparece. (Charla Nº 53.)
La Conciencia Cósmica ―la luz de la conciencia― es proyectada desde el Ser (Brahman), que es Conciencia Absoluta. Tal como todas las imágenes proyectadas sobre una pantalla son visibles por la luz en la que son proyectadas, así también todos los objetos y cuerpos que forman el universo (percibido) son visibles en la luz de la conciencia cósmica. (Charla Nº 177.)
La conciencia corporal surge de la conciencia "yo" (el sentido de ser individual), que a su vez surge de la (Pura) Conciencia, Pero, en realidad, sólo existe esta Pura Conciencia. Todo lo demás está superpuesto. (Charla Nº 340.)
Las imágenes vistas en un espejo son análogas al despliegue del cosmos sobre la Pura Conciencia. Tal como las imágenes en el espejo no pueden existir sin el segundo, el mundo tampoco puede tener existencia aparte de la Pura Conciencia. (Charla Nº 288.)
Nuestra existencia, que no podemos negar, es el Ser. El Ser es Pura Conciencia. Experimentar esto conscientemente, que siempre somos el Ser eternamente presente, es realización. (Charla Nº 625.)
La ciencia ha intentado desarrollarse a nivel puramente físico, mientras que el misticismo se ha desarrollado en términos de la realidad subyacente de una Conciencia Cósmica. El Vedanta ve la evolución de los seres vivientes como una progresión desde las formas inferiores de conciencia hacia las superiores. Las formas inferiores tienen una conciencia durmiente. Éstas dan lugar a formas con mayor alerta y dinamismo, y finalmente a formas donde la conciencia está altamente desarrollada, manifestándose como un sentido de humanidad y como capacidad intelectual. Según este esquema, la evolución tiene un objetivo: que la conciencia evolucione desde su estado próximo al sueño hasta alcanzar su fuente y plenitud: la Conciencia Cósmica. La Conciencia Cósmica misma ha estado guiando el curso de esta evolución desde el principio.
Así, según el Vedanta, la Voluntad Cósmica de Brahman es el punto de partida de la creación, y conlleva la totalidad del plan de la creación. Todas las manifestaciones de la energía, la materia y las formas vivientes sólo son el despliegue de ese diseño cósmico.
 

martes, 7 de noviembre de 2017

Más allá de Brahman

Extracto del - Manual Advaita - por Benigno Morilla
Manual Advaita - Benigno Morilla
El hinduismo distingue lo Absoluto, el Ser, Brahman, de Brahma, la divinidad creadora que es la personificación mitológica del aspecto creador de Brahman.
Brahman equivale a la Conciencia pura. Con ella aparece el mundo, lo que implica que, hasta cierto punto, lo crea. Al despertarnos cada día aparecen en nuestra conciencia espontáneamente el cuerpo, la mente y el mundo. La Conciencia hace posible este extraño "milagro" cotidiano. Sin Conciencia no hay persona, no hay mente, no hay mundo. Brahman es el Origen del mundo. Por otra parte, el mundo objetivo también es Brahman en tanto que nada hay fuera de Él. La materia también es de su misma naturaleza: es Conciencia en una expresión más densificada. Este concepto puede ser comprendido por analogía (si bien de forma tosca) relacionándolo con las formas que puede adoptar el agua: más sutil en el vapor, más densa en el estado líquido o extremadamente sólida y densa en el caso del hielo, si bien en los tres casos sigue siendo agua.
Este universo fenoménico no tiene más causa material que Brahman. Por consiguiente, todo este Universo es tan solo Brahman y nada más.
(Sankara: Aparoksha Anubhuti, 45-46)
La filosofia de liberación advaita se sustenta en que el "Yo último" en cada individuo es Brahman. Y no lo es por semejanza, sino porque Brahman es trascendente e inmanente a la vez. Recurrimos a la definición del término "inmanente" del diccionario de la lengua castellana:
Inmanente: "Que es inherente a algún ser o va unido de un modo inseparable a su esencia, aunque racionalmente pueda distinguirse de ella. "
El estudiante del advaita comprende que la Conciencia pura es su Identidad última, despojada de los atributos aparentes resultado de la identificación con el cuerpo, los pensamientos, los recuerdos y el mundo que nos rodea. Cuando confunde su identidad no-objetiva con sus atributos objetivos surge la apariencia de un "yo particular" sustancial y separado. Pero, al desidentificarse con las formas aparentes y transitorias advierte que lo Absoluto (Brahman) o Conciencia Pura es su Fondo. Sabe que no podrá conocer (como algo aparte de él) a Brahman. Para "conocerlo" tendrá que SERLO o, más bien, tendrá que ser consciente de que ya es Brahman, pues es imposible estar separado de él, como el árbol no está separado de su raíz.
Los maestros advaita insisten en la inmanencia y en la trascendencia de Brahman: la Conciencia pura es la realidad última de todo lo existente y, a la vez, siempre es trascendente con respecto a cualquier contenido de conciencia o realidad objetiva particular.
Trascendente: "Que está más allá de los límites de cualquier conocimiento (objetivo) posible.
Así cobra sentido la afirmación de Sankara:
Yo soy el supremo Brahman omnisciente y omnipenetrante, pues penetradas por el intelecto, todas las cosas en todas las condiciones son siempre iluminadas por mí.
(Sankara: Upadesa Sahasri, 12- 1)
También se aviva el significado del versículo siguiente:
Él está presente en todas las formas y, sin embargo, las trasciende todas.
(Sankara: Aparakosha Anubhuti, 40).
Este es el núcleo clave que el estudiante debe comprender. No existen dos realidades separadas: un yo individual separado deseoso de unirse con el Ser o Brahman. No hay conexión o unificación posible porque ya se es Brahman. Lo que sí hay que llevar a cabo es la completa realización de Brahman, la total absorción consciente en Él. El estudiante, aún sabiéndose Brahman, debido a las inercias mentales sigue condicionado por su conciencia identificada con su falsa identidad. Para llegar a la plena realización, la propuesta advaita no puede ser más sencilla. Basta con Ser, con instalarse en nuestro sentido de Ser (sabemos que somos), que en cada individuo se reconoce como "Yo Soy". Instalarse significa ser conscientes del sentido "Yo Soy" puro, sin mezclarlo con los atributos con los que lo hemos revestido: "yo soy tal persona, yo soy así, yo soy esto o aquello." Basta con tomar conciencia del sentido "Yo Soy" y de permanecer el mayor tiempo posible morando en él. Poco a poco, la sensación de Ser se hará más honda. Entonces comenzará a operarse una transformación profunda en nuestro interior. A mayor profundidad, mayor comprensión y mayor paz interior.
La filosofia india nos dice que la naturaleza del Ser (el sentido de Ser puro o Conciencia Pura) es "Sat, chit, Ananda", que significa: Ser, Conciencia y Beatitud. En la medida de la profundidad de la inmersión en el Ser. estas tres cualidades de la Esencia comienzan a manifestarse abiertamente en mayor o menor medida.
En Sat-chit-ananda (Ser, Consciencia, Beatitud), naturaleza de Brahma, el mundo de los nombres y de las formas se manifiesta de la misma manera que las olas y gotitas que emergen del océano; a este acontecimiento se lo llama manifestación.
(Sankara: Drig Drisya Viveka, 14)
Para conocerse a sí mismo es necesario, en palabras de Nisargadatta, "dirigir la flecha de la atención hacia el interior en vez de hacia el mundo". Y, por supuesto, descartar a través del discernimiento todo aquello que no sea realmente "Yo". De este proceso trataremos más adelante. Insistamos ahora en que el sentido "Yo Soy" es Brahman inmanente y que, de la profundidad de la inmersión, depende nuestra menor o mayor realización. Asimismo, en la medida que seamos más auto-conscientes nuestro grado de entendimiento, en general, se hará cada vez mayor.
Para esto (conocerse a sí mismo) mantenga firmemente en el foco de la conciencia la única pista que tiene: su certeza de ser. Sea con ella, juegue con ella, medite sobre ella, cave profundamente en ella, hasta que la concha de la ignorancia se rompa y usted emerja en el reino de la Realidad.
(Nisargadatta: Yo Soy Eso, cap. 58)
Correctamente aprendido lo anterior, cobra mayor sentido la afirmación "Yo Soy Eso". En esta frase, "Eso" es el Ser, el campo de Conciencia Infinito: Brahman.
Nada tengo que ganar ni que perder; no tengo alegría ni tengo pena. ¡Oh conocedor de lo Brahman!, así me hallo.
(El Cantar de Ashtavakra, 12:4)
Los grandes maestros del advaita afirman haber rebasado la noción de Ser para alcanzar "Aquello que está más allá del Ser, de Brahman". Parabrahman. El "estado" que corresponde ese rebase es inefable. Se le conoce como el cuarto estado o turiya y se define, paradójicamente, como "el estado sin estado".
Fuente: Benigno Morilla - Manual Advaita - Trompa de Elefante, 2011

domingo, 5 de noviembre de 2017

Yo y el Padre somos uno"

Semejanzas entre la visión védica y la visión de Cristo

Por John Martin Sahayananda Extracto del libro: el ganges y el jordán confluyen
Tú eres la Luz
Hay dos importantes visiones espirituales que se pueden hermanar fácilmente: la védica y la de Cristo. Y si ambas se aúnan entonces más de la mitad de la población del mundo estaría unida. Un asunto extraordinario por el que trabajar y confiar en su resultado. Digo la visión védica, no el hinduismo, porque este último no es una única religión sino la agrupación de muchas. Hay muchos sistemas de creencias en seno del hinduismo, y todos se autodenominan hindúes, y todos se basan en la interpretación de los Vedas y del Bhagavad Gita. También digo la visión de Cristo, y no del cristianismo, porque este no es una sola religión sino también la agrupación de muchas religiones. Hay miles de denominaciones cristianas y sistemas de creencias dentro de la etiqueta de cristianismo, todas se autodenominan cristianas y se basan en la interpretación de las mismas escrituras.
Señalo tres argumentos que guían este artículo:
  • Cada visión espiritual contiene en sí misma la Verdad
  • No hay necesidad de hacer préstamos provenientes de otras tradiciones
  • El encuentro con otra tradición ayuda a tomar conciencia de los propios tesoros ocultos desconocidos
Respecto a la visión védica, hay cuatro Vedas, y los Upanishads son la culminación de los Vedas, por eso se les denomina Vedanta, el fin de los Vedas, el fin de la búsqueda. El Bhagavad Gita corresponde a este último periodo y aporta su propia contribución a la visión védica; a esta visión védica también se la conoce por sanathana dharma, la religión eterna.
Jesucristo denominó a su visión el reino de Dios, y es similar a sanathana dharma. El reino de Dios es la experiencia de la presencia universal de Dios y la realización de la unidad del fundamento de la conciencia humana con la conciencia divina. Es la transformación de la vida propia en la vida de Dios, y las acciones propias en las acciones de Dios. Los autores del Nuevo testamento presentan la visión de Cristo según su propia comprensión e interpretación. En este capítulo voy a resumir las semejanzas entre estas dos visiones y en el siguiente abordaré las diferencias.
En mi análisis he encontrado semejanzas (*) sorprendentes entre la visión védica y la visión de Cristo. Hay que tener en cuenta que los Upanishads se datan 500 años antes del nacimiento de Cristo.
* (En este extracto sólo se señalan unas pocas semejanzas. Remitmos a los lectores al libro para obtener la versión completa.)
 

Dios o Brahman es conciencia no-dual / Dios es amor

El Aitereya Upanishad dice: prajnamam brahma; es una de las mahavakyas, o grandes afirmaciones. Brahman es conciencia no-dual, no hay nada fuera de Brahman. Lo equivalente en el Nuevo testamento es la expresión "Dios es amor" (1 Jn. 4.8). El amor es conciencia no-dual, que abarca a todas las cosas y todas las personas. No hay nada fuera de esta conciencia de amor que todo lo incluye. Es la conciencia de unidad. Incluso aunque los Upanishads enfatizan en el aspecto impersonal de Brahman, el Bhagavad Gita le aporta un ingrediente personal, llamándole purushottama, persona suprema. Jesucristo tuvo la experiencia de un Dios personal, como purushottama, persona suprema. Dios es amor, que significa Dios es la persona suprema.

Atman es Brahman / El Padre y yo somos uno

La indagación más profunda de la sabiduría védica es que Atman, la base de la conciencia humana, es una con Brahman, el fundamento del universo. Ayam atma brahma, este Atman es Brahman. La conciencia humana no es solo la manifestación de Dios en el tiempo y el espacio, sino que en última instancia es una con Dios. Hay que darse cuenta que Atman no es el alma humana, esta se denomina jivatman. Atman es idéntico a Dios.
Jesucristo también tuvo una experiencia similar cuando declaró: "Yo y el Padre somos uno". El Padre es el fundamento del universo (Brahman) y el "Yo" de Jesucristo (no su "yo" inferior) es el fundamento de la conciencia humana (Atman). En última instancia son uno. La tradición judía creía en un Dios creador y concebía a los seres humanos como criaturas de Dios, por tanto esta afirmación de Jesús trajo consigo una reacción muy fuerte por parte de las autoridades espirituales judías porque la consideraron blasfema. Jesucristo se negó a retractarse de su afirmación y tuvo que enfrentarse a la muerte en la cruz. Sin embargo, sus afirmaciones hubieran sido totalmente aceptables en la tradición védica.

Aham brahma asmi / Yo soy la luz del mundo

Aham brahma asmi, Yo soy Brahman, y tat tvam asi, Tú eres Eso (Brahman) son las otras dos mahavakyas o grandes declaraciones de los Upanishads. Este aham, "Yo", que dice "Yo soy Brahman" no es la conciencia humana limitada o finita. Es el "Yo" de lo divino. Es Dios quien dice "Yo soy Brahman o Dios". Cuando una conciencia humana se da cuenta que Dios es el fundamento de su conciencia entonces puede decir "Yo soy Brahman o Dios". Otra manera de decirlo es: "mi Yo infinito, eterno o real, es Brahman o Dios". Cuando una persona se da cuenta que su "Yo" real es Brahman, también se da cuenta que el "Tú" real o eterno de cada individuo es también Brahman o Dios. Entonces dice: tat tvam asi, Tú eres Eso (Brahman o Dios). Estas dos mahavakyas o grandes afirmaciones se complementan. Una sin la otra pueden crear un apartheid espiritual.
Jesucristo también hizo dos afirmaciones similares a estas dos mahavakyas: "Yo soy la luz del mundo" y "Vosotros sois la luz del mundo". Solo hay un Dios o una realidad eterna. Por tanto solo Dios puede ser la luz del mundo. El "Yo" de Jesús que dice "Yo soy la luz del mundo" no es el "yo" humano limitado. Es el "Yo" identificado con Dios. Jesucristo se dio cuenta de que el fundamento de su conciencia humana era el ser una con Dios. En esta experiencia también se dio cuenta de que el fundamento de la conciencia de todos los humanos era Dios. Invitó a todo el mundo a darse cuenta de esta verdad, por tanto dijo: "Vosotros sois la luz del mundo". El "Vosotros" a que se refiere Jesús no es el "vosotros" humano finito o limitado. Es el "Vosotros" divino, la lámpara oculta bajo la vasija de la ignorancia. "Yo soy Brahman" y "Tú eres Brahman" constituye la buena nueva de la tradición védica, y también "Yo soy la luz del mundo" y "Vosotros sois la luz del mundo" constituye la buena nueva de Jesucristo.

Amor es sabiduría manifestada en acción

Los primeros Upanishads se centraron mucho en el camino de sabiduría, experimentando la identidad de Atman con Brahman. Posteriormente el Svetasvathara Upanishad habla de la faceta personal de Dios, de la devoción a Dios y de la gracia de Dios. En el Isa Upanishad se refiere a la necesidad de aunar sabiduría y acción. El Baghavad Gita toma estos tres caminos de jnana (sabiduría), bhakti (devoción) y karma (acción) y los desarrolla. Mientras los Upanishads generalmente presentan a Dios como impersonal, el Baghavad Gita lo presenta como una persona suprema, purushottama, que toma la iniciativa y entra en el mundo para establecer la justicia y para la salvación de la gente. Dios entra en relación personal con la gente. En cualquiera de las maneras que la gente venera a Dios, de esa misma manera Dios las acepta. Visto así es maravilloso. Abre la puerta para la visión integradora de todos los caminos espirituales. El Baghavad Gita nos presenta al amor como el ideal más alto. Amor es sabiduría manifestada en acción. Este ideal se refleja en la relación entre Krishna y Arjuna. Krishna representa la sabiduría; él no actúa, no lucha. Arjuna representa la acción; tiene que luchar. Pero las acciones de Arjuna provienen de la sabiduría, de Krishna. Krishna (sabiduría) le dice a Arjuna (actor) lo que hay que hacer. Krishna ama a Arjuna y Arjuna ama a Krishna. Ambos montan en el mismo carro y son inseparables. Se puede decir que el amor es la síntesis y la culminación de la visión védica.
El amor es el ideal supremo de Jesucristo. Juan nos dice que Dios es amor. El reino de Dios representa el ideal espiritual de Jesucristo. Es cien por cien amor a Dios y cien por cien amor al prójimo. El amor a Dios es sabiduría y amor al prójimo es acción. El reino de Dios es el amor a Dios manifestado en acción. Aquí la sabiduría es la experiencia de la unidad con Dios: "el Padre y yo somos uno". Esto representa cien por cien amor a Dios. La acción es el amor a Dios manifestado en el amor al prójimo. Jesús dijo: "lo que hagáis al más pequeño de mis hermanos y hermanas me lo hacéis a mí". Esto es cien por cien amor al prójimo. Nuestra evolución espiritual no termina con la experiencia de unidad con Dios, sino que tiene que manifestarse en acción, en el amor al prójimo, en las relaciones humanas.
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sábado, 4 de noviembre de 2017

El propósito de la vida

por Swami Sivananda
Swami Sivananda
La vida del hombre es una indicación de lo que está más allá de él y lo que determina el curso de sus pensamientos, sentimientos y acciones. La vida más amplia es invisible, y lo visible es una sombra proyectada por lo invisible, que es lo real. La sombra da una idea de la sustancia, y uno puede buscar el camino hacia la verdadera sustancia gracias a la percepción de la sombra. La existencia humana, por medio de sus limitaciones, deseos y diversas formas de inquietud, descontento y dolor, apunta hacia un fin deseado más elevado, por más incomprensible que sea este fin.
Ya que la vida en esta tierra se caracteriza por un cambio incesante, y nada aquí parece tener el carácter de realidad, nada aquí puede satisfacer completamente al hombre. El Bhagavad Gita se ha referido a este mundo como anityamasukhamduhkhalayamashashvatam – "Impermanente, infeliz, la morada del dolor, transitorio". Los sabios de antaño declararon con realización inmediata que "la Verdad es Una" y que el objetivo de la vida humana es la realización y la experiencia de esta Verdad.
El universo es inconstante, y es solo un campo de experiencia proporcionado a los individuos para que puedan evolucionar hacia la experiencia de la Verdad Suprema. Es la gloria del pueblo de Bharatavarsha (India) que para ellos el universo visible no es real y solo lo Eterno invisible es real. Ellos no tienen fe en lo que perciben con los sentidos. Solo tienen fe en aquello que es el fundamento de toda experiencia, más allá de los sentidos, más allá incluso de la mente individual.
Los buscadores serios solían buscar refugio bajo los grandes sabios que purificaban la región sagrada de los Himalayas con su poderosa presencia, y vivían la austera vida de los yoguis para alcanzar la libertad de las dificultades de la vida terrenal y descansar en la beatitud de lo Absoluto, Brahman. Ellos consideraban esto la vida verdadera, y el modo de cumplir la ley de lo Eterno.
El gran legislador Manu, después de describir los diversos preceptos del Dharma, afirma finalmente: "De todos estos Dharmas, el Conocimiento del Ser es el más elevado, es verdaderamente la más importante de todas las ciencias porque, por él, se alcanza la inmortalidad". La búsqueda del DharmaArtha y Kama tiene su significado en la consecución de Moksha, que es el más grande de todos los Purusharthas (fin de la vida humana). El Dharma es el valor ético y moral de la vida; Artha es su valor material; y Kama es su valor vital; pero Moksha es el valor infinito de la existencia que cubre a todos los demás y es en sí mismo mucho más grande que todos estos. Otros existen como ayudas o preparativos para Moksha. Sin Moksha, no tienen valor y no transmiten ningún significado. Su valor está condicionado por la ley de lo Infinito, que es lo mismo que Moksha.
Los Vedas y los Upanishads son las exhalaciones del Ser Divino, y dan un exhaustivo comentario sobre la vida espiritual. Son exposiciones del significado y la importancia de la vida humana y del método de la transmutación de la apariencia mortal en la Esencia Inmortal. El ejemplo de los grandes Nachiketas y la historia de su búsqueda aventurera de la Verdad narrada en la emocionante Kathopanishad sirven como modelos a todos los hombres capaces de pensar y reflexionar.
Nada del mundo de la sensibilidad puede ser de verdadero valor, esto es lo que enseñó Nachiketas a través de su memorable acto de renuncia. Ni siquiera la vida más larga ni la inmensa riqueza que se le ofrecían podían tentarle. Él perseveró en su búsqueda de lo Supremo, y al final alcanzó lo Supremo. Nada menos que eso podría satisfacerle. Estos son los verdaderos héroes. Un verdadero héroe no es aquel que se enfrenta a las balas o arriesga su vida en peligrosos intentos, que combate batallas, que se zambulle en los océanos o escala grandes acantilados, sino el que domina sus sentidos y doblega su mente, el que reconoce la unidad suprema de la vida y deja de lado las dualidades y deseos. Lograr esto es el deber del hombre; este es el mensaje inmortal de los sabios de los Upanishads.
La maraña de la experiencia de los sentidos en el que el hombre queda atrapado es sumamente molesta y es muy difícil liberarse de ella. El hombre es engañado por la idea de la realidad de las así llamadas relaciones externas de las cosas y así es como encuentra su sufrimiento. El Mahabharata dice que el contacto de los seres en este universo es como el contacto que tienen los troncos de madera en un río que fluye, temporal. Sin embargo, el apego a las percepciones de los sentidos es tan fuerte que las ilusiones se confunden con los hechos, lo impuro se confunde con lo puro, lo doloroso con lo agradable, y el no-yo con el Yo.
El mensaje de los antiguos sabios es que la vida que uno vive en el mundo de los sentidos es engañosa, porque oculta la Existencia que subyace a todas las cosas y hace que uno sienta que las formas particulares que se presentan a los sentidos son reales. "Los niños corren tras los placeres externos y caen en la red de la muerte generalizada. Pero los héroes, conociendo lo Inmortal, no buscan lo eterno entre las cosas inestables de aquí", dice el Upanishad. El llamado que hacen los antiguos sabios al hombre es: "¡Oh, hijo de lo Inmortal! ¡Conócete a ti mismo como lo Infinito! Conviértete en el Todo. Esta es la bendición suprema". Este es el eterno mensaje al hombre.
Los sabios insisten una y otra vez: "Si uno Lo conoce (es decir, el Ser Inmortal) aquí, ¡entonces ese es el verdadero fin de todas las aspiraciones! Si uno no Lo conoce aquí, ¡grande es la pérdida para él!" (Kenopanishad). Y el sabio Yajnavalkya dice que todas las grandes obras hechas en este mundo, sin el Conocimiento del Ser Único Imperecedero, no valen nada. Los servicios humanitarios, los ayunos y la caridad; la vida política, nacional, social e individual, todo debe estar basado en el sentimiento de fraternidad universal que es la expresión eterna de la Realidad del Ser universal.
La humanidad puede esperar la paz cuando se cumpla esta condición, descubierta y establecida por los Rishis, es decir, respetar la ley de lo Divino. La paz se puede tener solo en la medida en que el sistema de lo Divino sea integrado en la vida. Y esta paz es inversamente proporcional al amor al cuerpo, a la individualidad y a sus relaciones en el mundo, en los que la humanidad está generalmente inmersa. El "despertar" de una consciencia superior es necesario para que el caos y la insatisfacción puedan ser abolidos.
La educación de la humanidad en la dirección correcta es la condición previa para la paz mundial. El materialismo, el ateísmo, el escepticismo y el agnosticismo que proliferan en estos días y que han robado al hombre su reverencia por el Absoluto Supremo, son los principales responsables del creciente egoísmo, el ansia, la confusión, la violencia y la agitación mental que azotan el mundo. El hombre debe aprender que detrás de la apariencia de la materialidad, la diferenciación, la externalidad, la duda y la impermanencia, está la realidad de la espiritualidad, la unidad y el infinito.
Sin el reconocimiento de esta realidad, la vida pierde la vida y se convierte en un vacío, carente de sentido y propósito, muerto, por así decirlo. Vivir en lo divino es morir a la estrechez del mundo de los sentidos; y limitarse a esto último es "destruirse a sí mismo" (en las palabras del Isavasyopanishad). La tendencia actual de la vida tiene que ser revisada, y una reorientación en ella se consigue a la luz de la moralidad, la ética y la espiritualidad. El cambio que se requiere no es meramente en la forma externa sino en la propia perspectiva y constitución interna del sistema de vida.
Esto puede hacerse cuando los ideales del hombre se basen en las verdades de la espiritualidad de la Unidad, superando las creencias ciegas, las diferencias y la materialidad. Cuando esto se logre, el hombre habrá cumplido su gran deber aquí. Para el hombre abrasado en el árido desierto de lo mundano, la única esperanza está en las frescas aguas del Ganges de la sabiduría, que fluyen desde las alturas del Himalaya de los sabios de los Upanishads. Bebe de esta fuente perenne, y refréscate.
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