miércoles, 22 de junio de 2016

EL SER Y EL TIEMPO


El tiempo y la transformación

por J. Krishnamurti
Cuando la mente está serena, tranquila, sin buscar respuesta ni solución alguna, sin resistir ni esquivar, sólo entonces puede haber regeneración, porque entonces la mente es capaz de captar lo que es verdadero; y es la verdad lo que libera, no vuestro esfuerzo por ser libres.
J. Krishnamurti
Desearía hablar un poco acerca de lo que es el tiempo, porque creo que el enriquecimiento, la belleza y el significado de aquello que es atemporal, de aquello que es verdadero, sólo puede experimentarse cuando comprendemos todo el proceso del tiempo. Después de todo, cada uno a nuestra manera, buscamos la sensación de felicidad, de enriquecimiento. Una vida que tenga significado, que es el tesoro de la verdadera felicidad, no pertenece al tiempo. Como el amor, una vida así es atemporal, y para comprender aquello que es atemporal, no debemos enfocarlo a través del tiempo sino más bien comprender el tiempo. No debemos utilizar el tiempo como medio de lograr, de realizar, de captar lo atemporal. Pero eso es lo que hacemos la mayor parte de nuestra vida: pasar el tiempo tratando de captar aquello que es atemporal. De modo que es importante comprender qué entendemos por tiempo, porque yo creo que es posible no estar atados al tiempo. Es muy importante comprender el tiempo como un todo, no parcialmente.
Es interesante darse cuenta de que nuestra vida transcurre principalmente en el tiempo; no en el sentido de la sucesión cronológica, de los minutos, las horas, los días y los años, sino en el sentido de la memoria psicológica. Vivimos en el tiempo, somos el resultado del tiempo. Nuestra mente es el producto de muchos "ayeres", y el presente es mero tránsito del pasado hacia el futuro. Nuestras actividades, nuestro ser, se basan en el tiempo; sin el tiempo no podemos pensar, porque el pensamiento es el resultado del tiempo, el pensamiento es producto de muchos "ayeres", y no hay pensamiento sin memoria. La memoria es tiempo; aunque hay dos clases de tiempo, el cronológico y el psicológico. Existe el tiempo que es ayer por el reloj, y existe el tiempo que es ayer por el recuerdo. No podéis desechar el tiempo cronológico, ya que sería absurdo, pues entonces perderíais el tren, por ejemplo. Pero, ¿existe realmente otro tiempo, aparte del cronológico? Es evidente que hay un tiempo que es el ayer; pero, ¿existe el tiempo, tal como la mente lo piensa? Es decir, ¿existe el tiempo aparte de la mente? El tiempo ―el psicológico― es sin duda producto de la mente.
Sin la base del pensamiento no hay tiempo alguno; el tiempo es mero recuerdo, es ayer en conjunción con el presente, y así da forma al mañana. Es decir, el recuerdo de la vivencia de ayer respondiendo al presente, crea el futuro; y eso sigue siendo el proceso del pensamiento, un sendero de la mente. El proceso del pensamiento produce un progreso psicológico en el tiempo; pero, ¿es real? ¿Tan real como el tiempo cronológico? ¿Podemos emplear ese tiempo, que es la mente, como medio de comprender lo eterno, lo atemporal? Porque, como he dicho, la felicidad no es de ayer, la felicidad no es producto del tiempo, la felicidad está siempre en el presente, en un estado atemporal. No sé si habéis notado que cuando hay en vosotros éxtasis, un júbilo creador, una serie de nubes brillantes rodeadas de nubes sombrías, en ese momento el tiempo no existe: sólo existe el inmediato presente. Pero la mente, después de la vivencia, interviene en el presente, la recuerda y desea continuar, acumulando cada vez más, con lo que crea el tiempo. El tiempo, pues, es creado por el "más"; el tiempo es adquisición, y el tiempo es también desprendimiento, el cual sigue siendo una adquisición de la mente. Por lo tanto, el mero hecho de disciplinar la mente en el tiempo, condicionar el pensamiento dentro del marco del tiempo ―lo cual es memoria― no revela por cierto aquello que es atemporal.
¿Es la transformación asunto de tiempo? La mayoría de nosotros estamos acostumbrados a pensar que el tiempo es necesario para la transformación: yo soy algo, y para cambiar lo que soy en lo que debería ser, se requiere tiempo. Soy codicioso, y la codicia me trae confusión, antagonismos, conflictos y sufrimientos; así que para producir una transformación, o sea la "no codicia", creemos que el tiempo es necesario. Es decir, se considera que el tiempo es un medio para desarrollar algo más grande, para llegar a ser algo. El problema es que uno es violento, codicioso, envidioso, iracundo, vicioso o apasionado. ¿Se necesita el tiempo para transformar lo que es? En primer lugar, ¿por qué queremos cambiar o transformar lo que es? ¿Por qué? Porque lo que somos nos desagrada; engendra conflicto, perturbación. Y al no gustarnos ese estado, deseamos algo mejor, algo más noble, más idealista. Deseamos, pues, la transformación, porque hay dolor, malestar, conflicto. Pero, ¿se vence al conflicto con el tiempo? Si decís que será superado con el tiempo, aún estáis en conflicto. Podréis decir que tardaréis veinte días o veinte años el libraros del conflicto, el cambiar lo que sois, pero durante ese tiempo estaréis todavía en conflicto, y por lo tanto el tiempo no produce transformación.
Cuando utilizamos el tiempo como medio de adquirir una cualidad, una virtud o un estado del ser, no hacemos más que aplazar o esquivar lo que es; y creo que es importante comprender este punto. La codicia o la violencia causa dolor y perturbación en el mundo de nuestras relaciones con el prójimo, o sea en la sociedad. Y siendo conscientes de este estado de perturbación, que denominamos codicia o violencia, nos decimos a nosotros mismos: "me libraré de él con el tiempo; practicaré la no violencia, practicaré la no envidia, practicaré la paz". Ahora bien, vosotros deseáis practicar la "no violencia" porque la violencia es un estado de perturbación, de conflicto, y creéis que con el tiempo lograréis la "no violencia" y os sobrepondréis al conflicto. Pero, ¿qué ocurre en realidad? Os halláis sumidos en el conflicto y queréis lograr un estado en el que no haya conflicto. Pero ese estado de "no conflicto", ¿es el resultado del tiempo, de la duración? Desde luego que no. Porque mientras estáis luchando por conseguir el estado de "no violencia", seguís siendo violentos y, por lo tanto, estáis todavía en conflicto.
Nuestro problema es: ¿se puede superar un conflicto, una perturbación, en un período de tiempo, ya se trate de días, de años o de vidas? ¿Qué ocurre cuando decís: "voy a practicar la no violencia durante cierto período de tiempo"? No tendríais que practicar si no estuvieseis resistiendo al conflicto; y decís que la resistencia al conflicto es necesaria a fin de superar el conflicto, y para esa resistencia os hace falta tiempo. Pero la resistencia misma al conflicto sigue siendo una forma de conflicto. Gastáis vuestra energía en resistir al conflicto de lo que llamáis codicia, envidia o violencia, pero vuestra mente sigue en conflicto. Es importante, pues, ver cuán falso es el proceso de depender del tiempo como medio de superar la violencia, y, con ello, librarse de dicho proceso. Entonces seréis capaces de ser lo que sois: una perturbación psicológica, que es la violencia misma.
Para comprender algo, cualquier problema humano o científico, ¿qué es lo importante o esencial? Una mente tranquila, ¿verdad? Una mente que esté dispuesta a comprender. No una mente que sea exclusivista, que trate de concentrarse, lo cual sigue siendo un esfuerzo de resistencia. Si yo deseo realmente comprender algo, en seguida se produce en mi mente un estado de quietud. Cuando queréis escuchar música o contemplar un cuadro que os gusta, que os emociona, ¿cuál es el estado de vuestra mente? Se queda inmediatamente en calma, ¿no es así? Cuando escucháis música, vuestra mente no vaga por todas partes: escucháis. De un modo análogo, cuando queréis comprender el conflicto, ya no dependéis en absoluto del tiempo; os enfrentáis simplemente con lo que es, o sea con el conflicto. Entonces se produce en seguida una calma, una serenidad de la mente. Cuando ya no dependéis del tiempo como medio de transformar lo que es, porque veis la falsedad de ese proceso, entonces os enfrentáis con lo que es; y como estáis interesados en comprender lo que es, vuestra mente, de una forma natural, se calma. En este estado mental, y sin embargo pasivo, surge la comprensión. Mientras la mente esté en conflicto, censurando, resistiendo, condenando, no puede haber comprensión. Si quiero comprenderos, es evidente que no debo condenaros. Es, pues, esa mente tranquila, esa mente serena, la que produce la transformación. Cuando la mente ya no resiste, ya no elude, ya no descarta ni censura lo que es, sino que se encuentra simplemente alerta de un modo pasivo, entonces en esa pasividad de la mente, si ahondáis de veras en el problema, veréis que se produce una transformación.
La revolución sólo es posible ahora, no en el futuro; la regeneración ha de ser ahora, no mañana. Si queréis experimentar lo que acabo de decir, veréis que se producirá una regeneración inmediata, una cualidad de algo nuevo, fresco; porque la mente siempre está serena cuando está interesada, cuando desea o tiene intención de comprender. La dificultad para la mayoría de nosotros está en que no tenemos la intención de comprender, porque tenemos miedo de que, si comprendemos, podría producirse una acción revolucionaria en nuestra vida, y por eso nos resistimos. Es el mecanismo defensivo lo que actúa cuando nos valemos del tiempo o de un ideal como medio de transformación gradual.
Así, pues, la regeneración sólo es posible en el presente, no mañana ni en el futuro. El hombre que confía en el tiempo como medio por el cual puede lograr la felicidad, comprender la verdad o Dios, sólo se engaña a sí mismo; vive en la ignorancia y, por lo tanto, en conflicto. Pero el que ve que el tiempo no es la salida de nuestras dificultades, y por lo tanto está libre de lo falso, un hombre así, naturalmente, tiene la intención de comprender; su mente, por consiguiente, está serena espontáneamente, sin compulsión, sin prácticas. Cuando la mente está serena, tranquila, sin buscar respuesta ni solución alguna, sin resistir ni esquivar, sólo entonces puede haber regeneración, porque entonces la mente es capaz de captar lo que es verdadero; y es la verdad lo que libera, no vuestro esfuerzo por ser libres.


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martes, 21 de junio de 2016

PARA LLEGAR A DIOS


Sólo hay una existencia

por Swami VivekanandaUn extracto de: las cuatro vías del yoga para llegar a dios
Lad cuatro vías del Yoga
La totalidad del conocimiento humano procede de la experiencia. Al mirar a nuestro alrededor, ¿qué experimentamos? Un cambio continuo. La planta sale de la semilla, se convierte en árbol, completa el ciclo y vuelve a la semilla. El animal llega, vive durante un tiempo, se muere, completa el círculo. Igual que el ser humano. Las montañas también se derrumban, aunque despacio, los ríos se secan lentamente y la lluvia sale del mar y vuelve a él. En todas partes se completan círculos: nacimiento, crecimiento, desarrollo y decadencia, cada uno sigue al siguiente con precisión matemática. Ésta es nuestra experiencia diaria. En todo ello, tras esta vasta masa a la que llamamos vida, con millones de formas y figuras (desde el átomo más pequeño hasta el individuo más espiritual), encontramos una cierta unidad. Todos los días descubrimos que se rompe la pared que aparentemente dividía una cosa de la otra, y la ciencia moderna está reconociendo que toda la materia es una Conciencia que se manifiesta de diversos modos en diferentes formas; es la única Vida que lo impregna todo.
¿Qué somos tú y yo? Tú y yo formamos parte de la Conciencia cósmica, o Inteligencia cósmica. Esta Inteligencia cósmica es lo que la gente denomina Señor, Dios, Cristo, Buda, Brahman o Espíritu; es lo que los materialistas perciben como fuerza, y lo que los agnósticos denominan el infinito, más allá de lo explicable; y nosotros formamos parte de eso.
El alma humana forma parte de la energía cósmica más allá de la vida y la muerte. Tu alma no nació nunca y jamás morirá. El nacimiento y la muerte son sólo del cuerpo, porque el alma es eterna. El Alma Eterna se encuentra detrás de este pequeño universo de la naturaleza. Sólo hay una Existencia, un Ser, el Bienaventurado por siempre, el Omnipresente, el Omnisciente, el que no ha nacido, el que no muere. El cielo se expande mediante Su control, por Su control se respira el aire, por Su control brilla el sol, y por Su control vive todoÉl es la Realidad de la naturaleza, Él es el Alma de tu alma, lo que es más, tú eres Él, tú eres uno con Él.
Dondequiera que haya dos, hay miedo, hay peligro, hay conflicto, hay disputa. Cuando todo es Uno, ¿a quién podemos odiar, con quién nos podemos pelear? Cuando todo es Él, ¿contra quién puedes luchar?
Esto explica la verdadera naturaleza de la vida; esto explica la verdadera naturaleza del ser. Mientras sigas viendo muchos, seguirás en una ilusión. En este mundo de muchos, en este mundo permanentemente cambiante, el que ve el Uno, el que ve El que nunca cambia como el Alma de su propia alma, como su propio Ser, es libre, está bendito, ha alcanzado el objetivo. Por consiguiente, aprende que tú eres Él; tú eres uno con el Dios de este universo.
Todas estas pequeñas ideas de ser un hombre o una mujer, de estar sano o enfermo, de amar, odiar o tener algo de poder, no son más que alucinaciones. Supéralas. Aprende que cada pensamiento y cada palabra que te debilitan en este mundo son el único demonio que existe. El único mal que deberíamos rehuir es cualquier cosa que nos debilite y nos dé miedo. Permanece como una roca; tú eres el Espíritu Infinito. Repite: Yo soy Existencia Absoluta, Dicha Absoluta, Conocimiento Absoluto, yo soy Él, y, como un león que se libera de su jaula, rompe tus cadenas y libérate para siempre.
¿Qué te atemoriza, qué te domina? únicamente la ignorancia de tu verdadera naturaleza, de tu santidad; no hay nada más que te pueda atar. Tú eres el Uno Puro, el Siempre Bienaventurado. Por consiguiente, si te atreves, reivindícalo: da forma a tu vida a partir de ello. Tú eres uno con el Alma Eterna. Aprende que tú eres Él y da forma a tu vida en consecuencia, pues aquellos que saben esto y modelan sus vidas en consecuencia dejarán de sufrir en la oscuridad.

Todo es Dios

Todas las formas de energía cósmica, como la materia, el pensamiento, la fuerza y la inteligencia, son simplemente la manifestación de esa Inteligencia cósmica, o como lo llamaremos en adelante, del Señor Supremo. Todo lo que ves, sientes u oyes (todo el universo) es su creación, o para ser un poco más precisos, es su proyección, o para ser aún más precisos, es el propio Señor. Él es quien brilla como el sol y las estrellas. Él es la madre de la tierra; Él es el océano. Él llega con las lluvias suaves, Él es el aire que respiramos, y Él es quien funciona como fuerza en el cuerpo. Él es el público que está aquí. Él es la plataforma sobre la que me encuentro, y Él es la luz que me permite ver vuestros rostros. Él lo es todo. Él es a la vez el material y la causa eficiente de este universo; Él está implicado en la célula más pequeña, evoluciona en el otro extremo y se vuelve a convertir en Dios. Él es quien desciende, se convierte en el átomo más pequeño y, lentamente, despliega su naturaleza y se reúne de nuevo Consigo.
Éste es el misterio del universo. Tú eres el hombre, Tú eres la mujer, Tú eres el caminar seguro de la juventud orgullosa, Tú eres el viejo que camina con muletas. Tú eres todo, Tú eres todo, Señor. Ésta es la única solución del cosmos que satisface al intelecto humano. En una frase: nosotros nacemos de Él, vivimos en Él y regresamos a Él.

lunes, 6 de junio de 2016

Dios en todas las cosas

por Jeff Foster
Y esperando, he conseguido parat ti un final:
la presencia de Dios en todas las cosas.
— Goethe


Existe una poderosa quietud de la que brotan todas las cosas. Es una quietud que está más allá de las palabras. Sin embargo, a lo largo del tiempo, las personas han intentado nombrar lo innombrable. A esta quietud la han llamado Dios, el Tao, la Mente búdica, pero la quietud no es nada de todo eso. Desde siempre, las palabras no son más que meras indicaciones que apuntan hacia aquello de lo que es imposible hablar.

Por alguna razón, nos aterroriza esta quietud y nos pasamos buena parte de nuestra vida andando de puntillas para evitarla. La quietud es la vacuidad que lo devora todo: toda identidad, el pasado y el futuro, la esperanza, el miedo, el placer y el dolor. Sencillamente nos aterroriza perder nuestra humanidad y hundirnos en esta divinidad, aunque, ahí adentro, se encuentra nuestra salvación: morir, literalmente, en Dios —que es morir en todas las cosas porque todas las cosas son Dios.

Los árboles, los pájaros, las carreteras, los coches, la polución, la gente haciendo sus cosas todos los días, todo eso es Dios. El sufrimiento en los rostros de la gente, eso también es Dios. La sonrisa de la gente cuando se encuentra, las lágrimas cuando los seres queridos se separan, la rabia, la violencia, el miedo o el anhelo de deshacerse de todo eso, todo eso también es Dios. No existe nada —literalmente— que no sea Dios.

Por tanto, dividir a Dios con religiones, doctrinas e ideologías, y condensarlo en trozos del tamaño de las creencias sólo es idolatría. En cambio, esa división nunca es considerada idolatría sino «el camino hacia Dios». Todo camino hacia Dios implica que Dios no está ya aquí, ahora, y eso es negar al Dios que te está mirando directamente a los ojos en este preciso instante.
Mira a tu alrededor: ¿acaso no es esto Dios? Si no lo es, ¿dónde se Le puede encontrar? ¿Cuándo Lo vas a encontrar?

En vano buscas a Dios porque Lo tienes delante de ti, dentro de y siendo las cosas de este mundo. Alarga tu mano: ahí está la mano de Dios. Mira tus piernas: son las piernas de la divinidad. Ese pájaro que se acaba de posar en esa rama, ¿de verdad crees que eso no es una manifestación de Dios?
¡Mira! ¡Mira a tu alrededor! ¡Dios está en todo! Un Dios que no esté en todo es un Dios pequeño, un Dios de la mente, un Dios de creencias, religiones, pensamientos. ¿Acaso eso no se llama idolatría? ¿Acaso no se trata de un mero ídolo fabricado por la mente, fabricado por el hombre?

¡Deshazte de todo eso! Deshazte de todas las religiones, regresa a este momento y contempla al Dios que llevas buscando toda tu vida. Regresar al Ahora constituye la verdadera adoración, la verdadera oración, la verdadera meditación, la verdadera fe, porque sólo a Dios se Le puede ver, sentir, oír y experimentar ahora. ¿Sientes cómo respiras? ¿No es Dios el que respira a través de ti? ¿Sientes cómo te palpita el corazón dentro del pecho? ¿No es eso obra de Dios? ¿De verdad necesitas un futuro para poder encontrarlo? ¿No está contigo ahora mismo? ¿No te está mirando directamente a los ojos?


Dios me es más íntimo que yo mismo.
San Agustín

sábado, 7 de mayo de 2016

Meditaciones con Sri Nisargadatta Mahara

por Dinkar Kshirsagar Introducción al libro: Meditaciones - Sri Nisargadatta Maharaj
Meditaciones de Sri Nisargadatta Maharaj
Las escrituras hindúes más arcaicas, los Vedas, que fueron compuestos en su mayor parte en la Edad de Bronce (hace unos 5.500 años), son algunos de los textos más antiguos en la historia del mundo. Los Vedas tratan principalmente de los aspectos materiales y espirituales de la vida. Cuando los sabios volvieron su atención hacia su interior para estudiar la consciencia, las revelaciones que recibieron entonces les sirvieron para componer y escribir las Upanishads. Las Upanishads son un registro de sus intuiciones y percepciones. En gran medida, los fundamentos de la sabiduría espiritual de la India se remontan a estas escrituras.
Estos sabios se dieron cuenta de que para entender la mente y aquietarla eran necesarias la pureza de pensamiento y la concentración. Para lograrlo, nos recomendaron ciertas prácticas espirituales. Generalmente, estas prácticas se suelen clasificar enBhakti yoga (yoga de la devoción), Karma yoga (yoga de la acción desinteresada) y Jnana yoga (yoga del auto-conocimiento).
Sri Nisargadatta Maharaj fue un jnana yogui. En 1932, su gurú Sri Siddharameshwar Maharaj le manifestó la verdadera naturaleza humana y le pidió que meditara sobre ella. Nisargadatta Maharaj siguió el consejo al pie de la letra y al cabo de tres años tuvo una revelación inquebrantable: su autorrealización.
Maharaj pasó casi cincuenta años de su vida compartiendo sus enseñanzas con todos los indagadores sinceros. Personas de todo el mundo llegaban a su humilde casa, situada en una callejuela de Bombay. Las consultas que le hacían, él las respondía según el estado mental particular de cada discípulo. Para la persona realizada, este proceso ocurre de modo natural, no deliberado, y es espontáneo.
Es la naturaleza de la mente identificarse con el cuerpo; con el nombre y la forma, así consciente como inconscientemente. Esta identificación nos impide alcanzar nuestro Yo sin forma ni atributos ―el Atman―, que es consciencia pura. El jnana yogui se apercibe de esto y llega a ser uno con él, tras un considerable trabajo. Esto se llama el camino directo, y puede compararse al vuelo de un pájaro que vuela en línea recta hacia lo alto. Este es el primer paso en el camino espiritual.
Posteriormente, el indagador espiritual medita y llega a conocer la consciencia pura. Comprende entonces cómo esta consciencia se eleva, se mantiene y decae. Esta comprensión lleva a la liberación final.
A un ser realizado, a un sabio, lo llamamos en la tradición hindú Sadguru ―una persona que ha realizado el nacimiento, la duración y la disolución de su propia consciencia―. Entonces, él puede a su vez enseñar a otros indagadores espirituales e iniciarlos.
Si no existe un maestro a quien seguir, también se llama Sadguru al Ser como consciencia pura.
Maharaj nos explicó que toda sadhana (práctica espiritual) consta de:
Escucha atenta: Prestar cuidadosa atención a las enseñanzas de un Sadguru, siempre produce cambios en quien lo escucha. Como ejemplo de ello tenemos el diálogo entre Krishna y Arjuna, tal como se describe en la Bhagavad Gita. Arjuna escuchó con atención, incluso en el fragor de la batalla, y fue liberado. Una vez que se produce el cambio, escuchar ya no es necesario.
BhajansChitta ('la mente') se purifica a través de las palabras y entonando cánticos con devoción. Durante el canto, los pensamientos mundanos quedan en suspenso. Es la mejor práctica que se puede recomendar a algunas personas.
Canto de mantras: Se trata del recitado en silencio del nombre de la deidad de nuestra elección o de un mantra (locución secreta que nos da el gurú), mientras se presta atención a la respiración. Normalmente, el gurú proporciona el mantra durante la iniciación del discípulo. De este modo, elprana ('la fuerza vital') se purifica, ya que la mente y la respiración están en estrecha relación. Con su recitado, el mantra se personaliza, esto lleva a la disolución de la mente y, como resultado, se llega al estado de samadhi (un modo de trance interior yóguico).
El sabio Valmiki que había sido un asaltador de caminos, se dedicó a recitar el mantra que le había otorgado Narada, el mensajero de los dioses. A través de ello se transformó y escribió la magnífica obra épica El Ramayana. La purificación del prana puede dar como resultado la adquisición de poderes espirituales, cuyo origen es la consciencia pura. El jnani se abstiene de utilizarlos.
Meditación: Para purificar la mente, dhyana o meditación es la mejor práctica. Tras el despertar y antes de acostarse, medite durante media hora. Esto es lo que Maharaj recomendaba. Siéntese en una postura estable con la columna recta. Reflexione o medite sobre esto: "Yo no soy el cuerpo. No tengo forma. Soy la consciencia pura que se ilumina a sí misma".
Permanezca atento a la pura consciencia sin palabras hasta que se olvide de usted mismo mientras se halla despierto. No trate de visualizar dioses o deidades, ni es necesario cantar nombres. Simplemente "ser" y permanecer estable en la percepción de "yo soy" es el comienzo y el fin de toda práctica espiritual.
Además, Maharaj nos dejó otro consejo: "La búsqueda de la felicidad es la causa del sufrimiento". El mundo es una cisterna llena de deseos y miedos. El verdadero desapego genera paz. El desapego anula el temor y la ansiedad del "¿Qué será de mí?".
La imagen que tenemos de nosotros mismos se ve reforzada por nuestras aspiraciones. De modo que se nos aconseja que desterremos dichas aspiraciones personales. En última instancia, el final de la búsqueda llega con la autorrealización, que es eterna.
El sentido "yo soy" se goza siempre en el momento presente. La Eternidad se da en el momento presente. Si se nos escapa, es porque la mente vaga entre el pasado y el futuro. Debe entender de una vez que no existe nada que nos pueda causar temor.
La consciencia y el mundo aparecen juntos y desaparecen juntos; son las dos caras de la misma moneda. El mundo existe mientras exista la mente. El mundo cobra existencia con el nacimiento del cuerpo. Dese cuenta de que el mundo está en su interior, y no usted en el mundo. Maharaj solía decir: "Desde tu punto de vista, naciste y un día morirás. Mi punto de vista es que el mundo primero aparece y luego desaparece". No se puede cambiar el mundo, pero tú puedes cambiarte a ti mismo y liberarte del deseo y el temor. El encuentro con un Sadguru en este mundo es el hecho más precioso en la vida de un indagador espiritual. El estado de inquietud del indagador, esa divina insatisfacción, es en realidad una bendición del gurú.
El discípulo debe seguir las enseñanzas con amor y fidelidad. No vea en el gurú una forma física. Lo más importante es seguir las enseñanzas con empeño.
Mi primer encuentro con Maharaj ocurrió el 14 de mayo de 1977. Dos días más tarde, me dio la iniciación. Normalmente le visitaba los jueves y los domingos por la tarde. Los primeros seis meses fueron muy difíciles para mí porque lo que escuchaba de Maharaj difería en gran medida del conocimiento tradicional que me habían dado, y ello me generaba conflictos. Maharaj enseñaba que no hay nada que obtener ni nada de que desprenderse, sino que es necesario entender, no racionalmente sino en realidad, la generación (el nacimiento) de la consciencia y su disolución y su relación con el mundo.
Comencé a anotar para mí mismo las frases importantes que escuchaba, de modo que pudiera volver sobre ellas más tarde. Esta fue la base de las Nirupanas (1).
Maharaj no fue ni un predicador ni un filósofo ni un misionero. Lo que decía, lo decía por su experiencia directa, en un lenguaje sencillo de la calle. Solía decir que si tomas unas pocas frases y las rumias sin descanso, serás libre.
Fui muy afortunado por estar en la venerable presencia de Maharaj durante cuatro años, hasta el último día de su presencia física en la Tierra.
Ojalá que los escritos en las siguientes páginas te lleven a la Verdad, porque inevitablemente lo harán.
Dinkar Kshirsagar

jueves, 28 de abril de 2016

TÚ ERES ESO




* Cuando se tiene el pensamiento de dificultad, el despertar se experimenta como algo duro; la realización se experimenta como algo difícil. Yo te digo que el despertar es intrínsecamente fácil. Tú ya eres eso que estás buscando en el despertar. Deja a un lado tu comentario y observa.
Un diálogo con Gangaji(Extraído de:  Tú eres Eso)
Gangaji
Nunca te sentirás satisfecho hasta que realices tu ser. Ahora es el momento.
―¿Cómo retiro las nubes que ocultan el sol de la realización?
Sólo hace falta retirar las nubes que aparentemente ocultan el sol si imaginas que no eres el sol. Si tú eres el sol, ¿qué puede importarte que haya nubes pasando? ¿Pueden bloquear tu propia luz de ti mismo?
Si tu punto de vista es que estás separado de la luz, cualquier cosa que aparezca tendrá el potencial de interponerse entre esa luz y tú. Reconoce que el núcleo de tu ser irradia luz. ¿Qué puede separarte de eso?
Tú eres aún más que el sol. Tú eres el cielo. Pero al decir "el cielo", no me refiero a la atmósfera del planeta. Estoy hablando de la conciencia interminable, ilimitada, espaciosa. El poder que origina las nubes y el poder que provoca la desaparición de las nubes están en el cielo.
Este poder no puede ser imaginado. Es demasiado grande para ser pensado. El cielo de la conciencia lo incluye todo, y no está bloqueado por nada.
Tú eres el cielo. El sol es una imagen que sale en ti. La imagen de la luz existe en el cielo de la conciencia. El cielo es infinitamente más grande que cualquier imagen.
En tu mente puedes imaginar que la conciencia, Dios, la verdad o el cielo están ahí arriba, en alguna parte. Pero, en realidad, ¿dónde comienza? ¿Dónde acaba? ¿Se ausenta alguna vez? Aunque te encierres en un armario, ¿está ausente el cielo de la conciencia? No, nunca está ausente.
Las nubes nacen en ti y mueren en ti. Si empiezas a identificarte con los fenómenos, como las nubes, se genera un sufrimiento innecesario. Si te identificas con la nube llamada cuerpo, experimentarás la separación del cielo eterno de la conciencia.
El verdadero cielo es interminable. Está al mismo tiempo eternamente más allá e inmediatamente presente. Está eternamente aquí. Hay diferentes reinos, diferentes universos y diferentes sistemas solares, sí, pero todos existen dentro del cielo de la conciencia. En la verdadera identificación te reconoces a ti mismo como eso. Reconócete a ti mismo verdaderamente y no tendrás problema con ninguna nube, con ninguna puesta de sol, ni siquiera con los eclipses. Los distintos fenómenos atmosféricos sólo son fenómenos. El tiempo atmosférico, el tiempo emocional y el tiempo mental no afectan al cielo de la conciencia.
Antiguamente, los primeros astrólogos pensaban que el sol y los planetas giraban alrededor de la tierra. Este tipo de pensamiento primitivo sigue estando dentro de nuestra psique. Debemos darnos cuenta de que las identificaciones erróneas son una antigua manera de pensar que es inútil, y ahora hay que desecharla.
―Resulta fácil hablar de esta filosofía que compara el cielo con el ser, pero es difícil realizarla.
En parte tienes razón. Es fácil hablar, pero es aún más fácil realizar. Esa facilidad es el secreto. Los libros, los maestros, los padres, los amigos y los enemigos te han dicho: "Es duro; es difícil". Ahora esta nube ―es difícil― ha pasado a formar parte de tu primitivo sistema de creencias. Vas por ahí pensando: El despertar es duro, la realización es difícil.
Cuando se tiene el pensamiento de dificultad, el despertar se experimenta como algo duro; la realización se experimenta como algo difícil. Yo te digo que el despertar es intrínsecamente fácil. Tú ya eres eso que estás buscando en el despertar. Deja a un lado tu comentario y observa.
―¿Resulta fácil mantenerse siempre en ese estado mental?
Ningún estado mental está siempre presente. Los estados mentales son como nubes que aparecen y desaparecen.
―¿Y los buenos sentimientos que pueden surgir?
Los sentimientos vienen y van. Tú eres el cielo en el que los sentimientos y los estados vienen y van. Tú eres Eso. No es cuestión de que si sientes que eres eso, entonces eres eso. Tú eres eso, sientas lo que sientas.
―¿Y qué me dices de la vida?
¡La vida es eso! ¡Tú eres vida!
―¿De modo que todo es auto-realización?
Todo es verdadero ser. No hay separación en ninguna parte.
El sufrimiento aparece cuando nos imaginamos separados del ser. El miedo surge en torno a cualquier cosa que imagines que está separada de ti. Te preguntas: ¿Es éste un enemigo o un amigo? Las relaciones basadas en el miedo son muy antiguas. Los perros y los cerdos, e incluso los protoplasmas en las probetas de laboratorio se relacionan protegiéndose, de una manera que se basa en el miedo. De algún modo, con un nacimiento humano, se abre una puerta que permite atravesar ese miedo.
La puerta es la llamada y la promesa de todos los que han despertado. Ésta es la buena nueva de Buda, la buena nueva de Cristo, la buena nueva de Mahoma: La conciencia es una; Dios y yo somos uno; Alá es uno. Cualquiera que despierte declara la posibilidad de realizar: Yo soy esa unidad.
―Lo que me estás diciendo me resulta muy familiar.
Te estoy contando lo que ya sabes.
Ahora confía en lo que sabes más allá de lo que te han contado. Confía más profundamente de lo que has leído, o creído, o seguido.
Está eso que es permanentemente real, y hay experiencias en eso que parecen reales, que se viven como reales, pero son de duración limitada. Tu cuerpo es un ejemplo de experiencia limitada e impermanente. En el satsang, la palabra "real" hace referencia a lo que está permanentemente presente, no a lo que parece real y luego desaparece.
A veces la gente no quiere que el cuerpo continúe, y a veces la gente quiere que el cuerpo continúe eternamente. Ambos deseos reflejan la misma identificación errónea. Algunos creen que el único modo de volver a la verdad definitiva es liberarse del cuerpo. Debes reconocer que la verdad está aquí ahora. Es la fuerza que anima a todos los cuerpos, y existe independientemente de cualquier cuerpo. Sólo es un problema cuando el cuerpo se adora o se denigra. Al adorar o denigrar lo que es limitado, se pasa por alto la fuente ilimitada.
―Entonces, ¿porqué los cuerpos se sienten tan separados unos de otros?
Se sienten separados porque parecen estar separados, y estamos entrenados para aceptar nuestras percepciones como si fueran la realidad. Existe un profundo condicionamiento de que tú eres un cuerpo particular. Entonces, por un instante, vislumbras la libertad de que no hay ningún cuerpo presente. Ese vislumbre interrumpe la identificación.
Experimenta el cuerpo directamente y verás. En su núcleo, en el núcleo de cada célula, en el núcleo de cada fenómeno, está eso que es ilimitado y no está atado por ningún cuerpo.
―¿Puedes seguir hablando de una palabra que has mencionado en otros satsang, "no-nacido"?
Cuando no tienes nada ―no tienes tu cuerpo, tu nombre, tu historia, tu miedo, tu valentía ni tus conclusiones―, entonces reconoces que eres eso que nunca ha nacido. Eso es incluso más profundo que no-nacido: es eternamente inconcebido.
Lo que no ha nacido ni ha sido concebido no tiene adónde ir. En este momento, descubres dentro de ti esa paz que no tiene adónde ir. Es eternamente no-nacida, y sin embargo, todo lo nacido ha nacido de ella.
El satsang no se limita a algo que uno lee u oye. El satsang es el contexto potencial para cada momento de tu vida.
Tú no estás separado de ningún despertar que haya ocurrido en otras ocasiones. Tú no estás separado del despertar de Buda, del despertar de Cristo, del despertar de Ramana, del despertar de Poonjaji o de cualquier otro despertar. Es el mismo despertar, el mismo yo despertando a sí mismo, cruzando todas las líneas de la religión y de la cultura, las fronteras y los horizontes, cruzando todas las líneas de las diferencias percibidas y de la separación, reconociéndose totalmente y sin límite. Cada uno de nosotros tiene un papel exquisito que desempeñar, un papel misterioso y desconocido. En satsang se abre la posibilidad de recibir inspiración para desempeñar plenamente ese papel. Para desempeñar un papel plenamente, admite que cualquier papel no es más que un papel, y que quien tú eres está más allá de los papeles.
Si acabas con la fijación mental en los problemas personales, sirves al despertar del ser a sí mismo. De este modo tu vida se utiliza de manera natural para facilitar el despertar de cualquier ser, y se descubre que el servicio al despertar es la dicha más profunda.
Ahora es el momento de reconocer el núcleo de paz que existe dentro de ti. Tú eres Eso.
Sí, ahora es el momento.

sábado, 23 de abril de 2016

Desde la Levedad del Ser





LO QUE SOY

1

El Ser se nos presenta vacío
Pero es un vacío como la luz

Sólo un corazón agradecido
recibirá el resplandor
que el vacío ilumina

 2


La quietud y la serenidad
Se desprenden seguros
De aquellos pasos lentos
Medidos   conscientes

Sabia en la palabra retenida


 3

La vida  por muy simple 
que se manifieste
es un misterioque se reverencia
en votos de silencio


4

Cultivar el Ser
pulir el diamante
significa
que esta levedad del silencio
Nos concuce a un Orden
llamado Cosmos
Fuente primaria de la Creación


Raiz de todas las sabidurías

5




Dueño de mi silencio
accedo a lo que sé
Lo que conozco
me libera


6

Verse como uno es
Aceptarse así mismo
Buscarse
No perderse en la muchedumbre



Nunca hubo un tiempo
En el que yo no existiera
Bhagavad Gita

El sonido nace y muere
en el silencio
Es la eternidad
que navega en el no tiempo




Mi cuerpo en su brillo
Tiene sus círculos
Y sus triángulos perfectos
Se mueva o no.

Descanso
En el trajín desacostumbrado
No hay comienxo





Yo soy el Sí Mismo
Aum=Om
Om es la manifestación
De lo inmanifiesto



Yo soy el Ser
Que está en todo y en todos
Yo Soy la eternidad
No dual


Estrella  del cielo
Fíjate
Soy antes que tú
Somos eternos visitantes
De la mañana





E.S.



r


jueves, 7 de abril de 2016

CONÓCETE A TI MISMO


El templo dedicado al dios Amon-Ra en el antiguo Egipto, tenía dos niveles: un templo externo en el que los iniciados podían entrar,  y otro interior al que se accedía solamente cuando se alcanzaba al Conocimiento (la gnosis).  En el templo externo estaba un escrito que decía “El cuerpo es la casa de Dios”;  en el templo interior, decía: “Hombre conócete a ti mismo… y conocerás a los dioses”.

El maestro Gurdjieff enseñaba que no basta con conocerse, sino que además uno debía estudiarse a sí mismo. Y estudiarse en este contexto significa observarse, verse;  no analizarse, verse nada más. Luego otros maestros agregaron que con la consciencia del Sí mismo, se accede  a la comprensión de los grandes enigmas que esconde el universo, y  a través de esta hermenéutica del sujeto, sabemos lo que somos, lo cual no es otra cosa que  un microcosmos que replica al macrocosmos; o, dicho de la manera hermética, así como es arriba, así también es abajo; cielo y tierra, ying y yang.

Si bien el hombre es un ser en permanente aprendizaje y crecimiento, ¿hasta qué punto el conocerse desde la mente no implica más que una misión imposible?,  y  no faltará alguien que diga que al final de cuentas qué importa nuestra ignorancia si para vivir lo que hace falta es la fe que mueve la montaña,  independientemente que seamos ciegos ante nuestra destino;  o si  para “vivir” más bien es preferible una ignorancia tranquila que un conocer peligroso y arriesgado.
.
Por esta razón, comienzo a creer,  que de lo que se trata no es sólo de conocerse, sino de estudiarse o mejor aún, reconocerse.  Se trata no de ser un erudito del Sí mismo, sino de saber quien soy yo para comprender el Universo y a Dios, pero este comprender no es intelectual, tiene que ser sentido, experimentado. Porque el conocer se hace  limitado cuando depende del intelecto, es decir de la mente.  La mente sólo interpreta  y distorsiona lo percibido por nuestros sentidos.

El  conocimiento de la mente  es parcial y relativo.  En cambio, con la comprensión profunda desde la Conciencia nos damos cuenta de la no dualidad de lo Real, entendiendo por no dualidad la no identificación con el cuerpo o la mente.  Al conectarnos con la Conciencia  Absoluta, mediante la meditación y el silencio de la mente estaremos en disposición de acceder a la Sabiduría que es la Fuente del Ser.  Tal como nos lo vienen diciendo desde hace miles de años los antiguos maestros de la tradición Vedanta,  La Conciencia, lo que somos en realidad,  es el Testigo, es la Presencia consciente  del Sí mismo: es  la Sabiduría Interior; es el Yo Soy como espíritu infinito y eterno.

Ernesto Sánchez