miércoles, 20 de septiembre de 2017

CONOCERTE A TI MISMO

por Jean Klein
Jean Klein
Estar libre de la idea de ser alguien, eso es iluminación
La forma humana es un microcosmos del universo. Todo cuanto supuestamente existe fuera de nosotros existe, en realidad, en nosotros. El mundo está en ti y puede darse a conocer en ti como tú mismo. Entones, ¿qué es este “tú”?
Como seres humanos relacionados con todos los seres vivos, debemos estar primero relacionados con nosotros mismos. No podemos entender, amar y recibir a los demás sin, en primer lugar, conocernos y amarnos a nosotros mismos. Generalmente, sin embargo, pasamos nuestras vidas enteras dedicados a lo que evidentemente está fuera de nosotros sin mirar jamás a lo que está más cercano. No dedicamos tiempo alguno a la lectura cuidadosa de nuestro propio libro, de nuestras reacciones, resistencias, tensiones, estados emocionales, tensiones físicas y todo lo demás. Esta lectura no requiere sistema alguno ni tiempo especialmente asignado a la introspección. Implica solamente mirarse a sí mismo durante el día sin la habitual identificación con un centro de referencia individual, una imagen de yo, una personalidad, un propagador de puntos de vista.
Para enfrentarnos a nosotros mismos científicamente debemos aceptar los hechos como son sin acuerdo, desacuerdo o conclusión. No se trata de una aceptación mental, de una aceptación de ideas, sino de algo completamente práctico, funcional. Sólo requiere estar alerta. La atención debe ser bipolar. Vemos la situación y, al mismo tiempo, vemos cómo ésta hace eco en nosotros como sentimiento y pensamiento. En otras palabras, los hechos de una situación deben incluir nuestras propias reacciones. Nos quedamos en el proceso científico, libres de juicio, interpretación y evaluación, únicamente atentos, en diferentes momentos del día, a nuestro terreno psicológico, intelectual y físico y a nuestro nivel de vitalidad. No existe motivo alguno ni interferencia de un “yo”, ni deseo de cambiar, crecer o llegar a ser. La aceptación funcional no es moral.
No hay necesidad de optar por un nuevo modo de vida que, inevitablemente, se convierte en un sistema como otro cualquiera. Cuando la atención es bipolar, en un principio hay observación del así llamado mundo exterior pero con un énfasis en los movimientos internos. Después, estos movimientos, los gustos y los disgustos, se convierten a su vez en el objeto de exploración. De este modo llegamos a intimar más con nosotros mismos, nos hacemos más conscientes de cómo funcionamos de momento a momento en la vida diaria. Cuando somos exploradores, el verdadero escuchar aparece automáticamente y en escuchar hay apertura, receptividad. La exploración nunca se convierte en una fijación con una meta a alcanzar. Permanece como una bienvenida que aporta originalidad y vida a cada momento.
Muchas terapias nos dicen que nos aceptemos a nosotros mismos pero esta aceptación psicológica, a través de diversos tipos de análisis, se refiere siempre a un centro individual. En tanto que la idea del individuo permanece, hay un motivo escondido en la aceptación. No es una aceptación incondicional sino que está basada en un ideal, o una comparación, y siempre contiene un elemento de resignación. La psicología cree en la existencia del ego y su tarea consiste en hacer éste más cómodo, fuerte e integrado. El que podamos organizar nuestra vida de manera más satisfactoria ya es algo, pero no puede haber jamás una vía que nos lleve más allá de lo conocido. Estos procesos nos mantienen interesados en el objeto por sutil que éste pueda llegar a ser. En la aceptación funcional, el énfasis no está en lo que aceptamos sino en la aceptación misma. Nada hay para intentar añadir o sustraer de la vida que estás viviendo. Esta requiere tan sólo estar alerta para ver los hábitos del pensamiento y el modo en que éstos nos comprometen.
Cuando vemos que casi toda nuestra existencia es una repetición mecánica, automáticamente salimos del modelo para entrar en la observación. Todos los intentos de cambiarnos a nosotros mismos se basan en la interpretación que supone la existencia de un intérprete pero, cuando no hay nadie para interpretar, ningún centro de referencia, el énfasis cae espontáneamente en la acción misma de observar. Es importante darse cuenta de que este observar sin un agente (un "yo") no es una actitud ni un estado. El objeto no es interesante. La observación en sí tiene su propio sabor y no necesita adición alguna. Es la misma apertura, o bienvenida, que constituye nuestro ser natural.
Para entrar en relación con uno mismo y, de este modo, con el mundo, toda interferencia debe cesar. Es el observador quien, proyectando constantemente conocimiento y deseos adquiridos, mantiene lo observado como objeto y de ese modo destruye toda verdadera comunicación, que es amor. Con la desaparición del hábito de ser alguien que hace algo, sólo la atención desnuda queda y, a la luz de ésta, se hace claro el funcionamiento de proyección. La mente recobra su sensibilidad y flexibilidad naturales y, al mismo tiempo, sentimos libertad en relación con nuestro entorno. En la exploración abierta, en la que te aceptas a ti mismo científicamente, llegará el día en que te sientas completamente autónomo y realizado sin calificación.
Fuente: Jean Klein. ¿Quién soy yo? La búsqueda sagrada
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lunes, 18 de septiembre de 2017

EL CUERPO DESPIERTO

por Ellen Emmet
Ellen Emmet
Muchos de nosotros resonamos con el entendimiento de que lo que realmente somos es Conciencia universal, infinita y siempre-presente. En esos momentos de reconocimiento sin tiempo, la creencia conceptual en la separación y la sensación de ser un cuerpo físico, sólido, limitado y localizado están ausentes. Nuestra mente es impactada con la luz del puro entendimiento y nuestro cuerpo es experimentado de acuerdo con su estado natural de transparencia, expansión, ingravidez, fluidez y pulsación. Todo nuestro ser vibra con la paz profunda y la alegría desbordante que es su origen y esencia. Su música es pura apertura, amplitud y amor. El cuerpo y la mente se han fusionado con su origen.
Sin embargo, mientras que muchos de nosotros hemos tomado conciencia de las creencias y patrones de pensamiento que parecen crear, reflejar y mantener una identidad separada, en la mayoría de los casos esta claridad aún no ha logrado penetrar debajo de la superficie para alcanzar las capas irracionales de sentimientos y sensaciones que siguen dando forma a la entidad separada. Sin que nos demos cuenta de ello, nuestra experiencia corporal continúa perpetuando la ilusión de que lo que somos es una conciencia individual limitada, sólida y localizada, que se encuentra separada del conjunto y de todos los demás seres.
Si cerramos los ojos y permitimos que el flujo de nuestra experiencia momento a momento emerja en nuestra atención enfocada, podemos notar que la experiencia que llamamos "el cuerpo", y en particular el sentido de peso y densidad, o las tensiones y contracciones localizadas en la cabeza y el pecho, son experimentadas como íntimas, vivas y de algún modo como "yo". Mientras tanto, otras percepciones que también pueden estar presentes, como un sonido en la distancia o la percepción táctil del suelo o los cojines, parecen pertenecer a objetos que viven en un mundo que está separado y fuera de "yo".
Este es el resultado de vidas de condicionamiento. Nuestra experiencia sentida de nuestra verdadera naturaleza ha sido distorsionada por décadas de "yo", "tú", "mío" y "tuyo", proyectados sin cesar en nuestro cuerpo-mente por los padres, maestros y compañeros, y por nuestra cultura en general, en una colectiva y subconsciente conspiración de ignorancia auto-perpetuada.
Así como los pensamientos que se refieren a una identidad separada parecen obstruir la claridad natural de nuestra inteligencia inherente, los patrones psicosomáticos basados ​​en defender y mantener una entidad separada imaginaria parecen asumir el control del funcionamiento natural, tranquilo y transparente del cuerpo.
Por ejemplo nosotros nos experimentamos a nosotros mismos como si fuéramos un respirador individual que inhala y exhala y que vive en algún lugar del diafragma o de la cabeza. Esta sensación parece ocultar la experiencia natural de la respiración universal no-localizada como una ola de la Conciencia, que va y viene desde y hacia su fuente.
O experimentamos que somos un individuo, un cuerpo objetivo, e incluso mecánico, que se mueve y deambula voluntariamente a través de un espacio que es a veces acogedor y a veces amenazador. Esta experiencia parece obstaculizar o impedir la sensibilidad natural que de manera espontánea y sin esfuerzo, da nacimiento a la subida y bajada, la expansión y contracción del flujo de energía universal.
Recuerdos fijos y esquemas visuales del cuerpo, se superponen en nuestra experiencia real del cuerpo, están diseñados para proteger y defender la imagen proyectada que parece funcionar en su centro. Así, el "yo" real, la Conciencia abierta, indivisa e ilimitada parece estar separada, limitada y fragmentada. Mientras tanto, el funcionamiento armonioso y orgánico del cuerpo parece estar comprometido por una artificial, complicada y, al final, misión imposible.
Durante las sesiones del yoga de la no-dualidad, investigamos este sentimiento infundado de la separación. Con la apertura como nuestra base, utilizamos la sensación, las exploraciones táctiles, las visualizaciones, las posturas, los movimientos y la respiración, y entregamos la sensibilidad de nuestro cuerpo a esta pura apertura. Permitimos que la creencia en el sentido de separación, que vive como energía cristalizada en los sistemas celular, muscular, esquelético, linfático y nervioso del cuerpo, sea experimentada directamente.
Con el tiempo, esto permite un reajuste suave y natural con la comprensión sentida de que la verdadera naturaleza y esencia del cuerpo es esta misma apertura.

¿En qué se diferencia de otros tipos de yoga?

Estas sesiones corporales provienen de una fuente de profundo amor y apertura. Son exploraciones sagradas que no buscan otra cosa que la exposición y la posterior disolución de la sensación de separación en el sentimiento-entendimiento directo de nuestra verdadera naturaleza.
Así que, aunque no estemos plenamente establecidos en nuestra verdadera naturaleza y aún podamos sentir que somos una Conciencia separada, llegamos a las sesiones corporales como si fuéramos a nuestro altar más sagrado: abiertos, sinceros y sin conocimiento. Se nos invita gentilmente a entregar nuestras mentes, cuerpos y corazones, y todo lo que percibimos como nosotros mismos que somos o no somos, a esa abierta Presencia invisible. Pronto nos encontramos, de forma natural, ocupando nuestro lugar en y como esta Presencia imperceptible que atestigua toda experiencia. Este enfoque difiere de la mayoría de otras exploraciones de yoga o del cuerpo que tienen que ver con el mejoramiento, la curación o la espiritualización de un cuerpo-mente objetivo individual. En este enfoque no nos centramos en alcanzar estados de expansión y transparencia en los que el cuerpo, por más sutil que sea, sigue siendo un objeto de identificación.
En el yoga de la no-dualidad, nuestro cuerpo real es siempre y únicamente el cuerpo de la Presencia. Estamos únicamente interesados en revelar las capas de sentimientos/creencias que se interponen en el camino de esta realización.

¿Cómo se desarrolla?

Después de abrirnos a la posibilidad de la Presencia como la referencia inmanente y trascendente de todas nuestras experiencias objetivas, nos aventuramos en una profunda exploración de la ilusión de la separación al nivel no racional de la sensación, el sentimiento y la percepción.
Empezamos por escuchar directamente a nuestra experiencia del cuerpo, sin la acostumbrada mediación de un concepto, recuerdo o imagen. Nos tomamos nuestro tiempo, volviendo a despertar el nivel táctil y sensual de la experiencia por debajo del umbral de la experiencia racional. Permitimos que la memoria de un cuerpo helado se derrita en la música momento a momento de temperaturas, texturas, peso, presión, vibración, pulsación, expansión y contracciones. Damos la bienvenida al flujo de sensación en una cualidad de apertura y sensibilidad que es sin dirección ni volición, libre de cualquier agenda, juicio o intención.
Gradualmente las sensaciones y sentimientos, al igual que los pensamientos y percepciones, se ven que se desarrollan como nubes en el cielo abierto, indiviso y consciente de la Presencia. Mientras nos reconocemos a nosotros mismos siendo el cielo, sentimos y comprendemos que una sensación nunca aparece en "mi cuerpo", al igual que un pensamiento nunca aparece en "mi cerebro" o un sonido en "el mundo". Más bien vemos que la sensación, el sonido y el pensamiento aparecen en mí mismo sin ninguna existencia separada o individual de un cuerpo, mente o mundo.
Nos damos cuenta de que al igual que el sonido que percibimos, como el pensamiento que pensamos, la sensación corporal es sutil por naturaleza. No es sólida o tangible y no puede ser capturada o medida. Es como una nube que aparece en mí mismo y está hecha de mi propia sustancia invisible. Y así llegamos a saber que la sustancia misma de la sensación es la apertura que yo soy.
Se nos invita a liberar el peso de las piernas y las manos en la superficie de contacto de una base que es sensación puramente táctil. Mientras intentamos esto, los hábitos que crean y mantienen un sentido de densidad y desconexión entre un cuerpo sólido y una base inerte se revelan.
Se nos invita para que la sensación de hormigueo de la envoltura física de forma natural irradie y se expanda en un espacio circundante que es íntimo y vivo. Cuando tratamos de hacer esto, nos damos cuenta de la contracción sutil al nivel de la piel que mantiene un sentido de cohesión corporal y permanencia. A medida que avanzamos con cuidado y abiertamente, sentimos y comprendemos que el esfuerzo que parece ser necesario para expandirnos es, de hecho, la revelación de la tensión que antes se estaba generando con el fin de crear y mantener un aparente y separado yo.
Exploramos los movimientos, posturas, visualizaciones y la respiración. Estas son oportunidades para realinear el sentir, el percibir y el mover con nuestra recién descubierta identidad infinita y transparente.
Evocamos movimientos sin un movedor, y exploramos las cualidades innatas de transparencia, ingravidez y amorosidad. Invitamos a los gestos sin origen o destino; una respiración que no requiere ser empujada o sujetada.
En la apertura de esta exploración, capa sobre capa de sentimientos tan habituales que ya no se sienten, o tan íntimos que se dan por sentados como ser "yo mismo", comienzan a aflorar.
No tenemos que hacer nada con ellos pero permanecemos abiertos, amorosos y a la escucha, y sin embargo, indiferentes a la historia incorporada en su interior. En esta contemplación abierta viene una cooperación espontánea a nivel del cuerpo, como si cada sentimiento y sensación se ofreciera de buen grado volver a la Presencia. Con naturalidad y sin esfuerzo, la yo-idad que impregnaba la sensación se disuelve de nuevo en el no-localizado y siempre-presente Yo.
Este nivel de investigación se pasa por alto sobre todo en la enseñanza no-dual contemporánea. En una cultura que favorece el pensamiento analítico y la conceptualización, somos más fácilmente condicionados a examinar nuestra experiencia usando nuestra mente en lugar de un enfoque menos racional, directamente táctil y sensorial. Sin embargo, el cuerpo-mente sólo puede ser completamente re-orquestado por este entendimiento cuando se haya permitido que todas las capas de identificación ocultas salgan a la superficie totalmente, y sean vistas en la luz de la Conciencia.

jueves, 14 de septiembre de 2017

TÚ NO ERES EL YO SOY

Comentarios a las enseñanzas de Sri Nisargadatta Maharaj

por Pradeep Apte Extractos de Nisargadatta Gita
Nisargadatta Gita
El "yo soy" está ahí desde el principio; siempre está presente, siempre a nuestra disposición. Rechaza todos los pensamientos excepto el de "yo soy" y permanece ahí.
Comprender el "yo soy", tu conciencia de "ser" o de "estar presente", es tremendamente importante, ya que en esto radica el peso total de la enseñanza de Maharaj. En primer lugar, ¿eres consciente de tu "ser" o del hecho de que "eres"? Tienes que "ser", que existir, antes de que nada sea. Tu sentido de "presencia" o de que "eres" es fundamental para lo que sigue a continuación.
Segundo punto: esta conciencia de "ser" o de que "eres", el "yo soy", ¿no fue acaso lo primero que aconteció antes de que ninguna otra de tus experiencias vitales pudiera tener lugar? Regresa con la mente al instante en que por primera vez te diste cuenta de que "eras", el instante en que fuiste consciente del "yo soy". Este "yo soy" todavía está contigo, siempre presente, siempre disponible; fue y todavía es el primer pensamiento. Rechaza todos los otros pensamientos; regresa ahí y permanece ahí. E intenta comprender y empaparte de este "ser" o yoidad que es inherente a ti. Cuanto más claro y en detalle lo veas, más rápido será tu progreso.
Tan solo instálate y permanece estable en el "yo soy". Rechaza todo lo que no tenga que ver con el "yo soy".
Tras haber comprendido el "yo soy" en todas sus formas, el siguiente paso es permanecer ahí, establecerse en la conciencia de "ser" y no desviarse de ella en absoluto. En el preciso instante en que comienzas a pensar en cualquier otra cosa, puedes estar seguro de que se han agregado añadidos sobre la base del "yo soy" y de que, por tanto, este ha perdido su pureza. Rechaza cualquier cosa que signifique "yo soy tal y tal", porque todo ello son contaminantes y que no tienen que ver con la conciencia básica de ser; no pertenece a ella.
El "yo soy" constituye la única certeza. Es impersonal y todo conocimiento nace de ahí; es la raíz de todo. Aférrate a él y deja que el resto se vaya.
Justo desde el instante en que descubriste que "eres" hasta este día, sabes que "tú eres". Todo el resto de añadidos vinieron y se fueron. Son impermanentes. Pero el "yo soy" fundamental ha permanecido inmutable y es tu única certeza. El "yo soy" es impersonal, no usa palabras, no pertenece a nadie, es común a todos. En el instante en que supiste que "tú eres" no conocías las palabras ni el lenguaje; estos vinieron más tarde.
Basándote en este "yo soy" no verbal, más tarde fuiste capaz de expresar verbalmente "yo soy" en cualquier idioma que aprendiste. Luego, de este minúsculo, extremadamente pequeño "yo soy" creció el conocimiento y se desarrolló vertiginosamente, hasta alcanzar proporciones inmensas. Así pues, todo el conocimiento nace del "yo soy", el cual es el fundamento, la base, el origen, la raíz de todo. Debes aferrarte a este "yo soy" y abandonar el resto.
El "yo soy" es; es siempre fresco, siempre acaba de nacer. A todo el resto se llega por deducción. Cuando el "yo soy" desaparece, lo que queda es el Absoluto.
La conciencia de "ser" siempre está ahí, tan fresca como el primer día. Nunca te abandona; siempre está disponible para ti. En cualquier estadio en que se encuentre tu vida, esta conciencia se ha quedado contigo sin cambiar, inmutable. Las circunstancias, las relaciones, la gente, las ideas, etcétera, todo lo que no es esa conciencia ha ido cambiando. Todo eso nació por inferencia, pero el "yo soy" ha permanecido y se ha mantenido sin cambios a través de esas turbulencias. ¿Qué ocurrirá cuando el "yo soy" desaparezca? ¿Qué permanecerá entonces? La insinuación de la cita anterior ahora cobra énfasis: permanecerá lo que está más allá del "yo soy", el Absoluto.
Aférrate al "yo soy" y ve más allá de él. Sin el "yo soy", serás feliz y estarás en paz.
En este momento posees el "yo soy". Aférrate a él, porque es el único medio que tienes de ir más allá; no dispones de ningún otro. Sí, se trata de ir "más allá", pues ¿qué te ha ofrecido el "yo soy" sino conflictos y penalidades? Llegó, se identificó con tu cuerpo y te convertiste en un individuo. Ahora recorre el camino inverso: acude al "yo soy", trasciéndelo y serás feliz, estarás en paz.
Aférrate al "yo soy" excluyendo el resto. El "yo soy" que está en movimiento crea el mundo, mientras que el "yo soy" que está en paz se transforma en el Absoluto.
Deja de lado todo lo demás y tan solo aférrate al "yo soy". Observa su poder, sus inquietudes y sus movimientos, los cuales han creado el mundo y con él toda esta confusión y sufrimiento. Regresa al "yo soy" y deja que el "yo soy" permanezca en el "yo soy". Entonces se aquieta y desaparece. En ese momento hay paz, ya que tan solo queda el Absoluto.
El "yo soy" te trajo hasta aquí, el "yo soy" te sacará de aquí. El "yo soy" es la puerta. ¡Quédate junto a ella, porque está abierta!
Claramente, la conciencia "yo soy" juega el papel de puerto de entrada o portal a través del cual entraste en este mundo. Por tanto, puede jugar el rol de puerta de salida. ¡Y es la única salida! Permanece allí y verás que esta puerta está siempre abierta; nunca estuvo cerrada. A menos que regreses al "yo soy" y te establezcas en él durante un tiempo suficientemente largo, no llegarás a conocer la verdad de este hecho.
Debes estar necesariamente ahí antes de poder decir "yo soy". El "yo soy" es la raíz de todas las apariencias.
Definitivamente tuvo que existir un sustrato en el cual la conciencia "yo soy" pudiese surgir; era, en aquel entonces, una conciencia desprovista de palabras. Tan solo cuando aprendiste un idioma pudiste decir "yo soy". Junto con el "yo soy" carente de palabras vinieron también el espacio y el mundo, así que el "yo soy" está en el origen de todo lo que percibes.
El "yo soy" es la suma total de todo lo que percibes. Está atado al tiempo y es, en si mismo, una ilusión. Tú no eres el "yo soy"; eres previo a él.
Puesto que el "yo soy" es el eslabón permanente a través de todos los acontecimientos de tu vida, es absolutamente obvio que comprende la suma total de todo lo que percibes. Es la base misma de tu percepción; sin el "yo soy" no existe la percepción. Pero este "yo soy" es una ilusión, ya que, como en un sueño, se ha aposentado sobre ti y un día desaparecerá. Todo lo que aparece y desaparece no puede ser verdadero, y como eres testigo del "yo soy", estás separado de él. No puedes ser el "yo soy", sino que tienes que ser anterior a él.
Debes meditar en el "yo soy" sin agarrarte al cuerpo ni a la mente. El "yo soy" es la primera ignorancia. Persiste en tu meditación y llegarás más allá de él.
Lleva toda tu atención al "yo soy"; medita en él. Intenta hacerlo dejando por completo el cuerpo y la mente de lado. Al comienzo, el cuerpo y la mente se resistirán a que te centres en el "yo soy", pero con algo de práctica automáticamente dejarán de interferir. Recuerda que el "yo soy" te ha embaucado haciéndote creer en lo que es irreal, así que podemos decir que constituye la ignorancia primigenia. Debes seguir constantemente al "yo soy"; solo entonces podrás ir más allá de él. De lo contrario seguirá jugando contigo, una y otra vez.
Tu gurú, tu dios, es el "yo soy". Cuando vino, con él llegó la dualidad y toda la actividad. Permanece en el "yo soy". Tú eres preexistente a la aparición del "yo soy".
Todo el proceso de la percepción y toda actividad se basan en la dualidad: el sujeto y el objeto, el observador y lo observado, el ejecutor de la acción y el acto. Fue solo tras la aparición del "yo soy" cuando comenzaron la actividad y la dualidad. Así que el "yo soy" lo desencadenó todo. Persigue el "yo soy", permanece ahí; solo entonces te darás cuenta de que preexistes a la noción del "yo soy".
El concepto "yo soy" es el último puesto fronterizo de la ilusión. Aférrate al "yo soy", asiéntate en él y dejarás de ser un individuo.
Al salir de cualquier país, en la frontera se encuentran los puestos de control, y más allá es "tierra de nadie", hasta que llegas a los puestos de control del otro país. De igual modo, al abandonar este "país" o ilusión el "yo soy" es el único y último puesto de control; no hay otro camino de salida. Permanece en este puesto; establécete ahí, en el "yo soy". Cuando lo hagas, dejarás de ser un individuo.
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jueves, 31 de agosto de 2017

LA LLAMA DEL SER



Artículos - Jean Klein

Un diálogo con Jean Klein y Michael Toms (Non-Duality Press, 1989)
Jean Klein
Michael Toms: Jean, ¿cuál es su idea acerca de la vida? ¿Qué es la vida para usted?
Jean Klein: La vida es consciencia y la consciencia es vida. Pero hay que hacer una distinción entre la consciencia, la vida, y sus expresiones. Sus expresiones aparecen en el espacio y el tiempo, son objetos. Pero estos objetos se refiere a la consciencia, a la vida. Hasta que no hayamos entendido la vida, la consciencia, estas expresiones son todavía reconocidas como objetos. Pero una vez que uno entiende la vida, que tú ERES la vida, entonces estos objetos no son considerados más como objetos, son simplemente consciencia. Se refieren a la consciencia y tienen su propio origen en la consciencia.
Este es un momento muy importante. De lo contrario sólo sería una relación entre un objeto y un objeto, lo que significa conflicto. Pero cuando el objeto se refiere a su origen, la consciencia, no hay más conflicto. La vida, la consciencia ― nunca se pueden objetivar. La consciencia es el sujeto último, el sujeto último de todos los objetos. Como hemos dicho, nunca puede ser un objeto. Y nosotros SOMOS consciencia. Nosotros somos realmente cuando estamos ausentes. Somos la ausencia de nosotros mismos. Y en la ausencia de nosotros mismos hay vida, hay consciencia, hay felicidad. Amo la vida y la vida es el amor.
MT: Solemos ver cosas ahí fuera y lo que le oigo decir es que está sugiriendo que no hay nada o ninguna cosa ahí fuera. Que más bien somos parte de eso.
JK: No hay nada fuera de la consciencia. Los objetos, lo que uno ve, lo que oye, lo que huele, lo que saborea, se refiere... diría que tiene su origen en la consciencia, en la vida y se refieren a la vida. Así que no hay nada fuera, todo está dentro. Todo lo que está fuera es percibido en el espacio y el tiempo, pero la consciencia o la vida es un continuo, ES. Así que las expresiones de la vida apuntan a la vida. Son más o menos punteros, pero no son la vida. Son realmente vida cuando uno está establecido conscientemente en la vida, en la consciencia. Entonces, estos objetos se refieren a la consciencia. Entonces son algo diferente. Todavía son en cierta forma objetos, pero ya no son objetos en el sentido ordinario.
MT: Esta es una definición más amplia de la consciencia de la que solemos tener en Occidente ― lo que le escucho decir. Porque normalmente nos referirnos a la consciencia ya sea como consciencia despierta o dormida. No pensamos que la consciencia resida fuera de nosotros.
JK: Sí. Cuando hablamos de estos tres estados, la vigilia, el sueño, y el sueño profundo, la realidad subyacente es la consciencia. Principalmente estamos despiertos en los objetos, pero no estamos despiertos en la consciencia. La consciencia, nuestra verdadera naturaleza, es cuando hay una ausencia de nosotros mismos. En realidad somos nuestra ausencia. Nuestra ausencia es presencia.
MT: Jean, cuando usted dice que nuestra ausencia es nuestra presencia. ¿Quién está ausente?
JK: Lo que somos, nunca puede ser objetivado. Por lo tanto, todo tipo de llegar a ser, de lograr, de conseguir se aparta lejos de lo que somos. Lo que somos, es lo más cercano a nosotros. Lograr y llegar a ser, sólo pueden ser un objeto. Pero lo que somos no puede ser nunca un objeto. Somos el sujeto último. Llegar a ser, lograr, cualquier técnica es muy buena para aprender un idioma, para aprender una ciencia, pero para conocer lo que somos fundamentalmente ― lo somos. Es lo más cercano a nosotros.
Creo que es más importante ver que no hay nada que lograr, nada que alcanzar. Cuando lo ves realmente, cuando lo entiendes realmente, toda la energía que has gastado en lograr, en llegar a ser se detiene, llega a un punto muerto. Y yo diría que en este punto muerto, no hay ninguna dirección más a dónde ir. Toda la energía vuelve a su origen. Y este momento se refiere a sí mismo. Es su propio conocimiento, libre de cualquier agente. Así que el término, del que hablamos muy a menudo, la iluminación, ocurre sólo cuando ves el momento en que no hay nadie. En el momento en que ves que no hay nadie, ninguna entidad, entidad personal, eso es iluminación. Así que nunca puedes ir hacia ella. Sólo puedes ver lo que no es, lo que no eres, el cuerpo, los sentidos y la mente.
MT: Recuerdo las palabras de Lao Tzu, "El Tao que puede ser nombrado no es el verdadero Tao".
JK: Exacto. Cada paso que das, aunque sea un pelo, te sales del camino.
MT: Nosotros pensamos de nosotros mismos que somos criaturas racionales, lógicas, pensantes. ¿Qué pasa con el proceso del pensamiento en medio de esta comprensión viva?
JK: El pensar, si lo ves desde un nivel muy alto es un pensar diferente. El verdadero pensar nunca comienza con el pensamiento. En el verdadero pensar, debemos apartar la mirada del pensar. Al igual que hay que apartar la mirada de la meta (Jean realiza la acción de tirar de un arco). Así que el pensar debe estar libre de toda intención. Por supuesto, el pensar racional, el pensar práctico, el pensar científico comienza con un pensamiento. Pero el pensar creativo se inicia desde el silencio. Todo pensar tiene su propio origen en el silencio, incluso el pensar racional, el pensar práctico, el pensar calculador.
MT: ¿Así que la fuente de la creatividad puede estar también en el silencio?
JK: Sí. En el silencio es nuestra potencialidad, nuestra creatividad. Pero este silencio no es el silencio de la mente. La mente de vez en cuando puede ser silenciosa. Pero el silencio del que estamos hablando está más allá de la mente. Cuando la mente comprende sus límites, entonces la mente brinda libertad. Y creo que cuando la mente se vuelve aquietada estamos abiertos a la verdadera quietud, momentos atemporales en los que no hay más momentos, en los que hay eternidad.

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sábado, 29 de julio de 2017




Mis reflexiones sobre el Advaita

(La no-dualidad, el corazón de la verdad)

por Medardo Rivera
Yo soy eso

Introducción

Estas reflexiones las escribo por las siguientes razones:
  1. He intentado poner de una manera didáctica y sencilla los temas más relevantes del Advaita;
  2. Estas reflexiones las escribo como un complemento a las charlas mantenidas con varios de mis amigos más allegados, a quienes les dedico.
  3. Tengo la pretensión de establecer un marco referencial para los sinceros buscadores de la verdad, permitiéndoles ahorrar mucho tiempo y esfuerzos, evitándoles caer en verdaderos "atascos" que demoren su avanzar como, por ejemplo, el ideal de "enderezar el mundo".
Nota: En algunas citas he intercalado algún comentario personal y lo he puesto entre corchetes; por ejemplo: Nosotros pensamos que oímos con nuestros oídos y que vemos con nuestros ojos, pero lo que realmente oye y ve es la eseidad [la consciencia de ser].

Capítulo 1: Las bases

Pregunta 1: ¿Qué es la búsqueda espiritual?
Respuesta: Es la necesidad vital de conocer la verdad acerca de, al menos, una de estas preguntas:
  1. ¿Cuál es mi verdadera esencia?;
  2. ¿Cómo llegué a existir?; y,
  3. ¿Qué hay después de la muerte?
Si no es una necesidad vital, no se trata de una búsqueda espiritual; es tan solo una simple curiosidad intelectual. El énfasis en el Advaita es encontrar una respuesta experimentable a la pregunta ¿cuál es mi verdadera esencia?; la respuesta a las otras es el complemento de ésta.
P 2: ¿Por qué no se incluye en las preguntas algo relacionado con Dios?
R: Porque resulta casi imposible tener un criterio común de lo que se entiende por "Dios", aún entre sus mismos seguidores o adoradores; no así con los aspectos planteados, ya que éstos son intrínsecos y asequibles a todos.
P 3: ¿No son estas las típicas preguntas que responde la religión?
R: Sí. Pero, por desgracia, la religión solo tiene las típicas respuestas que satisfacen únicamente la curiosidad intelectual.
P 4: ¿No es lo mismo la búsqueda espiritual que la religión?
R: No. Es como si pensáramos que el tener hambre es lo mismo que un curso de cocina de alguna región exótica; tampoco hay que pensar que saber preparar deliciosas y extraordinarias comidas es saber de dietética.
Nota: A veces, el estudio del "libro sagrado" de alguna religión puede despertar la búsqueda espiritual (o que, inducido por esta búsqueda, se llegue a estudiar algún libro sagrado) pero es un error común confundir lo uno con lo otro; el estudio de los libros sagrados o de las religiones se enmarca en el ámbito de la teología. Tal como se dice que "la música empieza donde terminan las palabras", a pesar de que el sonido musical es el generador de la palabra; así puede decirse que la búsqueda espiritual (como lo plantea el Advaita) empieza donde termina la religión, aunque esta búsqueda debería ser la base de toda religión que se precie de serlo.
P 5: ¿Hay algunas pautas o principios fundamentales que orientan el avance o la investigación en el Advaita?
R: Sí, éstos son:
  1. Lo existente no es sinónimo de lo real. Solo es real aquello que no cambia y está libre de la causalidad; es decir, solo es real lo absoluto, la inmutabilidad sin causa. Así, la búsqueda espiritual apunta hacia la búsqueda de lo real en cada ser.
  2. No hay nada que no pueda ser investigado, no hay dogmas ni misterios, pero todo lo que se investigue debe estar relacionado con uno mismo y con la búsqueda espiritual. Así, por ejemplo, la búsqueda de la paz mundial es un ideal muy noble, pero no es la búsqueda espiritual. Aferrarse a afirmaciones como "Dios todo lo puede", "De Dios no se puede decir nada", "Yo solo creo en…", etc. es, simplemente, negarse a investigar.
    Hasta una noble verdad como Lo mejor que se puede hacer acerca de la verdad es guardar silencio puede ser usada por alguien como "sabia justificación" a su pereza mental.
  3. Un concepto o una teoría, por más "científica" que sea, no es sino un intento de explicar un hecho o un evento, pero no es el hecho en sí; así, por ejemplo, la fórmula para calcular la fuerza gravitatoria no es dicha fuerza en sí, ni mucho menos el campo gravitatorio.
  4. Nada debe tomarse por verdad hasta que se haya experimentado por sí mismo; es decir, la experiencia de otra persona, por muy sublime que sea (la persona y/o la experiencia) no sirve de mucho; a lo sumo, para avivar nuestra búsqueda espiritual. Tampoco se debe tomar alguna cita de un libro sagrado o alguna creencia cultivada desde siempre como prueba de la verdad (las creencias son las malas hierbas en el jardín de la verdad; y el discernimiento, su jardinero).
  5. La verdad no deja de ser verdad porque tu "libro sagrado" no lo menciona o porque contradice o no concuerda con tus creencias y/o convicciones. Ya Wayne Dyer lo dijo: Tu nivel más alto de ignorancia es cuando rechazas algo de lo cual no sabes nada.
  6. Lo que tenga que esperar el estar muerto para ser conocido o experimentado, es una patraña.
  7. Hay que dejar de lado cualquier concepto o prejuicio que se tenga sobre lo que se está investigando, evitando ajustar las conclusiones o las experiencias a nuestras expectativas; esto es, debemos ser totalmente honestos con nosotros mismos.
Así, en el Advaita, todo conocimiento o experiencia debe pasar por el tamiz de estos principios fundamentales. (Buscad la verdad, y la verdad os hará libres).
Conjuntamente con estos principios hay que tener presente las siguientes aclaraciones:
  • Consciencia, para el Advaita, es la capacidad de reconocer y comprender, y una sensación de presencia. En la vida cotidiana, lo que se reconoce y se comprende es una percepción y su correspondiente reacción (física y/o mental). Tres elementos son imprescindibles para que se manifieste la consciencia: la percepción provocada por un estímulo (externo o interno), la reacción (que puede ser un simple pensamiento o una emoción) y la sensación de presencia; esto es: lo conocido, el conocimiento y el conocedor, respectivamente.
  • Conocimiento no es sinónimo de comprensión o entendimiento. Se puede comprender perfectamente un concepto o una teoría sobre algo, pero solo se conoce aquello que ha sido experimentado por uno mismo; así, por ejemplo, se puede entender lo que es el comer o el beber, pero esa comprensión no es el acto ni la sensación de comer o de beber; como tampoco el hambre de uno se sacia por el hecho de ver comer a otro.
  • Todo lo agregado o adherido se desagrega o se desprende, y sus partes constituyentes vuelven a su estado inicial.
  • Lo infinito no es una referencia a un agregado interminable de cosas finitas, sino a la ausencia de límite y/o de forma.
  • Lo eterno no implica una interminable permanencia en el tiempo, ya que el tiempo es, intrínsecamente, la percepción de cambio que se evidencia en un "antes" y un "después" en lo observado o percibido y/o en el observador o percibidor; por ejemplo, frente a un objeto que permanece sin cambio, un observador percibe que dicho objeto "hoy" está igual que "antes"; en este caso, el cambio se ha dado solo en el observador. Así, pues, solo en lo inmutable no hay percepción del tiempo, y por eso solo lo inmutable es eterno.
  • En el Advaita, cuando se hace alude a "el Ser" no se refiere a un personaje, a un "alguien" o a un "ente", sino a la acción de ser o de existir; tal como "el jugar" no hace referencia a un jugador, sino a la acción de jugar.